Sobre premios, distinciones y condecoraciones en las policías locales

Es curioso cómo algunos se interesan en esconder la buena fama, el mérito y la capacidad de esos policías que hacen su trabajo simplemente por vocación

Antes de hacer la crítica sobre el tema a tratar hay que decir que los premios, distinciones o condecoraciones que puede recibir un policía local no llevan aparejado percibir ninguna cuantía económica de ningún tipo. Simplemente refleja una labor profesional, un recuerdo de unas acciones laborales emblemáticas por unas circunstancia que en ese momento pudieron sorprender a la opinión pública, al propio colectivo policial, al ciudadano o tal vez, tuvieron la consideración de “alarma social” como es el caso que vamos a comentar.
Para entrar en materia un día de octubre de 2017 alguien se personó (una vecina de la población) en unas dependencias policiales gritando dramáticamente y denunciando una agresión que se estaba produciendo a escasos metros del retén, en una calle cercana. El mensaje era “la va a matar”. ”Acudan rápido”. la policía local de las dependencias policiales obviamente puso en conocimiento estos hechos a la patrulla de servicio que se encontraba bastante lejos del centro de la ciudad, que es donde estaban sucediendo “in situ” la agresión.

Esa compañera de retén comunicó la urgencia mediante el centro de emergencias, ya que la Guardia Civil no cogía el teléfono porque al parecer estaban ocupados en otro caso urgente. La preocupación de la agente de policía era obvia, algo se tenía que hacer para que la agresión no prosiguiera y el tiempo de respuesta de la patrulla de servicio (solo había una) no podía ser corto por el simple cálculo de la distancia y el tráfico rodado de esas horas.
En el retén había otro policía y la agente le comunicó que tenía que salir, que era un tema urgente (toda la información constaba en una base de datos). Sin pensarlo dos veces y una vez comunicado todo, dejo al otro policía con la responsabilidad del retén y salió corriendo hacia el lugar de la agresión.

Mientras la policía observaba la veracidad de la urgencia ordenó al individuo que parase y, como no puede ser de otra forma, se lanzó hacia el sujeto para intentar detenerlo. Tras un fuerte forcejeo logró detenerle. La víctima estaba con un ataque de ansiedad, lesiones y, como se podrán imaginar, completamente desorientada, vejada y humillada. La patrulla llegó dos minutos después para reforzar a esa compañera, trasladar al detenido y para elaborar las correspondientes diligencias judiciales.
Alguien se interesó por esta intervención. Primeramente sus compañeros de patrulla que estaban alucinados de la respuesta que dio su compañera, por lo que decidieron comunicar este hecho por escrito, orgullosos de un trabajo bien hecho.

Nadie le preguntó a esta compañera policía local que pasó, como pasó, por qué pasó, ni le preguntaron si estaba bien, mal o regular, simplemente por educación, porque al parecer no parecía interesar a nadie. Para más colmo, aquel día que aquella mujer mayor pedía ayuda urgente en el retén había dos policías más, pero tomando café en un bar muy cercano al lugar donde se producían estos hechos. Sin embargo, la policía local actuó sola.
Una iniciativa posterior hizo que se elevara una propuesta para reconocerle el mérito de la intervención a esta compañera. Al final hasta se hace una votación en el pleno del Ayuntamiento, donde los políticos votan por unanimidad a favor de la propuesta de la felicitación para la policía local. Pasan los meses y hasta el día de hoy ese expediente está paralizado.

Después de que unos sindicalistas se interesaran por este expediente se les comunica que posiblemente “hay un informe negativo” y ese es el motivo por el cual no se ha elevado toda la documentación al lugar donde corresponde. Existen impedimentos.
Esta compañera en años anteriores ya fue condecorada y premiada por la labor que hacía en otra población por la indiscutible lucha de su unidad de trabajo contra la violencia de género, siendo una policía destacada en esa materia.

Para más burla aún hacia su honestidad y profesionalidad la superioridad de ese lugar le propuso hace algunos meses que se “encargara de la violencia de género”, la compañera le respondió contundentemente que no, ya que la correcta organización de ese lugar brilla por su ausencia.
Es curioso cómo algunos se interesan en esconder la buena fama, el mérito y la capacidad de esos policías que hacen su trabajo simplemente por vocación, como es el caso de la compañera Morgana. Cuando le preguntas por la medalla dice: “Me da absolutamente igual la condecoración, lo que realmente me preocupa es la maldad y las malas artes de algunos”.
Hay gente a la que, con sutileza, les encanta fastidiar la vida profesional de los demás, por la espalda y a traición, con acciones a escondidas y utilizando aquellos medios cobardes, pusilánimes, que no les ponen en la palestra. Lo peor de todo es que a esta compañera nadie le ha preguntado nada sobre aquel caso, y quien tal vez debiera de considerarlo no le importa, ni le interesa ni lo más mínimo este tipo de trabajo.

Tal vez sea que en esta ocasión la iniciativa la tomase una mujer era un atrevimiento, o tal vez se pensase que era peligroso que actuase esa mujer para ella misma, porque le podían hacer daño o puede que esa acción no gustase a aquellos machos que tenían “clavados los pies al suelo” y que nunca llegaron al lugar donde una persona estaba golpeando a otra. La compañera no dudo, había una chica en peligro.
El riesgo o el peligro es algo normal en una profesión cuyo objetivo es proteger al resto y más aún en aquellas situaciones en las que tienes pocos segundos para decidir qué hacer. ¿Qué creen ustedes que falló en esa intervención?...
Da mucha vergüenza cómo se están portando con esta compañera, y creo que es realmente estúpido no reconocerle un mérito obvio a alguien que tiene tanta energía blanca, ímpetu y ganas de trabajar, aun con todos estos obstáculos ridículos dentro de su propia organización.
El mundo está lleno de gente mediocre, como puedo serlo yo, pero para una profesional que merece realmente la pena, la tapan, la esconden, sutilmente la asedian, la encajonan, le dan de lado, la ignoran, le llevan a un rincón para que nadie llegue a saber nada de su gran profesionalidad. Hay que ser poco inteligente para no aprovechar la energía de este tipo de trabajadora.


¡Qué mala es la envidia!

*Oficial de Policía Local y Grupo EmeDdona.

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