16 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El PP vuelve a pagar las consecuencias de su alergia a fumigar

Moragas y Casado durante la presentación de la campaña de Rajoy.

Moragas y Casado durante la presentación de la campaña de Rajoy.

Si el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra, el PP es el único partido capaz de conservarla para, de cuando en cuando, atizarse con ella en todos los dientes.

Lo de Valencia no es más que otro claro ejemplo de lo nefasto que está resultando ser ese inexplicable afán de Mariano Rajoy por demostrar su lealtad a quienes él cree que el partido les debe algo, más allá de que huelan a chamusquina. Poco importa que fulmine a un batallón de mangantes desconocidos para la mayoría de los mortales; e importa menos todavía que lo haga con el gesto adusto de quien no está dispuesto a pasar una.

La voluntad de acabar con la corrupción no se demuestra actuando ante los hechos consumados. Se previene mandando a su casa a todo aquel que tenga una mínima cicatriz en su curriculum. Es absurdo pretender que la gente te compre el mensaje de la regeneración interna cuando sigue viendo a Gómez de la Serna calentando escaño en el grupo mixto gracias a que no se le descabalgó de la lista por Segovia cuando todavía se estaba a tiempo, y a Rita Barberá ocupando escaño –y aforamiento– en el Senado

Siendo como es la corrupción el problema que más daño ha hecho a los populares, es imperdonable que, aprovechando que se terminaba la legislatura, no se haya hecho una limpieza a fondo en vez de pasar por encima el plumero y ni de paso hayan retirado las alfombras sospechosas de ocultar alguna que otra porción de basurilla. Y ahora pasa lo que pasa: que Rajoy tiene que aguantar la bronca de un señor que disfruta de una hipoteca con ventajas de cuando fue miembro de la Asamblea General de Caja Madrid y que lidera el partido de los ERE, y las lecciones de otro que por lo visto tiene mucho que explicar en materia de financiación.

Si ahora la operación policial de los últimos días pone a temblar cualquier tipo de negociación con Ciudadanos, la culpa será única y exclusivamente de Mariano Rajoy y su empeño por maquillar cadáveres para que parezca que siguen vivos sin querer darse cuenta de que a lo único que conducen semejantes compañeros es al cementerio.

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