La ciudad no es para mí. Pues, ya está (II)

Ese "traje vacío", como con acierto ha sido calificado el que sigue siendo presidente en presunciones, se enfrenta -y nos enfrenta- a un galimatías de impredecibles consecuencias

Los escasos lectores que me sigan recordarán que llamé “pues, ya está” a mi ingenua colaboración de la semana pasada que terminó con “que Dios nos coja confesados”. Hoy he dudado si llamarla “todo está dicho”, pero me acabo inclinando por una segunda entrega del “pues, ya está” con la vana esperanza de un nuevo “perdón, lo siento” que no le servirán esta vez los alborozados dirigentes de la facción rebelde de la mercantil de medios de comunicación que preside -y
capitaliza- el Sr. Crehueras (A3, La Sexta, Planeta, La Razón, Onda Cero, etc).

Politólogos profesionales o aficionados, opinadores y contertulios han agotado a estas alturas todas las posibilidades de análisis de los resultados electorales, de causas y efectos, de oportunidades y amenazas (como en los famosos diagramas DAFO de la más manida literatura científica), de calendarios y cronogramas a corto, medio y largo plazo.

Los más trabajadores han repasado hemerotecas y videotecas remontándose a tiempos que creíamos casi tan olvidados como la propia dictadura. Y en ellos se pasea a personajes nefastos como Chaves y Maduro, consignas macarras o directamente groseras, justificaciones inadmisibles de la
violencia o la insurrección, descaradas manifestaciones de agravio a España y su bandera, burdas mentiras o sofisticadas tergiversaciones de la historia … y un sinfín de disparates que resulta muy cansino, y casi masoquista, recordar. En otros se recuerdan votaciones a favor de congelar pensiones o retener sueldos de funcionarios, afirmaciones como “nación de naciones”, valoraciones de rebelión, xenofobia y otras lindezas dirigidas como diatribas al energúmeno de Torra. Ya saben.

Con la excusa del crecimiento de VOX y la irresponsable demonización de sus millones de votantes que antes estimuló, el gran embustero se ha entregado al abrazo de quien parecía quitarle el sueño.

Los más directos y espontáneos apenas han tenido que revisar periódicos de la semana pasada, o visionar (la palabrita se ha impuesto) los tres o cuatro debates que precedieron a esta locura. No vale la pena hacer memoria reciente, con el extendido “olvido histórico” (me lo sopla un amigo) ya tenemos bastante. Con la excusa del crecimiento de VOX y la irresponsable demonización de sus
millones de votantes que antes estimuló, el gran embustero se ha entregado al abrazo de quien parecía quitarle el sueño. Nada le exigen sus propios conmilitones de tan ridículo balance: pérdida de tres escaños en las Cortes, pérdida de la mayoría absoluta y treinta y uno en el Senado, y pérdida en la suma con su socio preferente. Un fracaso de estrategia en toda regla. Pues, ya está (otra vez).

Quiero recordarles el triunfalismo de abril y el triste final de septiembre. ¿Qué se puede esperar ahora de un resultado peor que el de entonces? Ese “traje vacío”, como con acierto ha sido calificado recientemente el que sigue siendo presidente en presunciones, se enfrenta -y nos enfrenta- a un
galimatías de impredecibles consecuencias. Todas peligrosas.

Aunque la fe y seguridad que tantos mantenemos en la fortaleza de España corren parejos a la cobarde desafección de quienes la odian o la desprecian. Triste consuelo.

(Mientras, canallas encapuchados armados allanan la sede del partido de Guaidó en Caracas)

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