19 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Antonio R. Naranjo

    El Gran Carnaval

    Como en la película de Billy Wilder, la política española es un carnaval solemne, cómico y trágico a partes iguales. Y así es esta bitácora de un analista perplejo que cada día lo observa todo en ESdiario y Herrera en Cope.

Los doce del "patíbulo"

Cuatro filas de tres sillas, como un autobús sin chasis, albergan a los doce mártires de un "procés" que se estrella con el piloto huido y los abogados despistados: el Supremo no es la ONU.

Viéndoles tan formalitos, como si fueran en un autobús del colegio a una excursión al zoológico de Barcelona, cualquiera diría que los autoproclamados doce del patíbulo, protagonistas de esta foto, están siendo juzgados por rebelión. Pies juntos, manos cruzadas, mirada de niño, les falta la mochila y adivinar de qué les han puesto el bocadillo los padres, como si en esa sorpresa o disgusto residiera la mayor duda de un día apacible.

La cárcel hace mella al ánimo, pero no a las expectativas profesionales de cualquier endocrino presente en la sala, que sigue teniendo tarea con Junqueras, prueba viva de que Lledoners no es un Parador pero tampoco un martirio: España les roba, creen, pero no les mata de hambre.

 

La solemne sala de vistas del Supremo haría dudar de la inocencia al mismísimo Gandhi, y resume en sus moquetas, cuadros y lámparas versallescas el peso de la ley y la liviandad del presunto delincuente: encapsulados en cuatro filas de tres sillas cada una; los Junqueras, Rull, Turull y el resto de héroes de la nada se empequeñecen mientras sus abogados confunden las características de un juicio penal y se lanzan kamikazes al mitin político.

Aquellas paredes del Tribunal han visto y oído de todo, y resulta difícil de creer que se conmuevan por el relato místico de unos letrados que confunden la velocidad con el tocino y afirman, sin rubor, que sus defendidos están allí por unas ideas que, de ser cierto que son reprimidas con barrotes, obligarían al Estado a adquirir toda la red de supermercados Día a punto de cierre para transformarlas en cárceles de independentistas.

Sin conductor

Como se juzgan delitos y no opiniones, el futuro de los mártires se oscurece con un pronóstico que desde el primer día emerge pleno de nubarrones: la Sala del Supremo está compuesta por jueces que han visto arder naves más allá de Orión y desayunan replicantes con la misma soltura con que Romeva levanta pesas y hace flexiones en el gimnasio de su centro penitenciario.

Si las doce sillas de los acusados simulan un autobús escolar, corre riesgo serio de salirse en la primera curva: el vehículo va sin frenos y el conductor, un tal Puigdemont, soltó el volante hace tiempo y dejó tirados a sus tripulantes, con esa cara de no haber roto un plato en su vida aunque se han cargado ya hasta la vajilla de la abuela.

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