15 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El insoportable "entusiasmo" de Sánchez para celebrar un funeral de cien días

El presidente sin votos fuerza una nueva campaña de autobombo para tapar la ilegitimidad de su Gobierno, el fracaso estrepitoso de su gestión y su boicot a las urnas.

 

 

Pedro Sánchez inició este fin de semana en Oviedo una especie de gira que le llevará por varios puntos de España para conmemorar sus primeros cien días en La Moncloa. Es, como todo en su mandato empezando por su manera de comenzarlo, una pieza más de la campaña electoral que se está costeando desde la presidencia, un lugar mucho más cómodo y con más recursos que el de diputado de la oposición con el peor resultado histórico del PSOE.

Recordar los antecedentes de Sánchez, derivados de la decisión libre y democrática de los ciudadanos y enmendados luego con un pacto infumable con los partidos independentistas, es fundamental para entender la naturaleza de su Gobierno, la ausencia de legitimidad de quien lo encabeza y las decisiones que adopta, sustentadas en el doble deseo de hacer olvidar su origen y de mejorar sus resultados cuando haya que pasar de nuevo por las urnas.

 

De igual forma que a Sánchez no le importó ganar el poder aliándose con los mismos partidos a los que él mismo contribuyó a aislar por su liderazgo en el mayor golpe a la Constitución desde el 23-F; no tiene reparos ahora en servirse de los recursos públicos y las atribuciones presidenciales para simular unos éxitos que nadie ve y convertirlos en una parte fundamental de su propaganda preelectoral.

 

 

Padecer a un presidente que desprecia el voto ciudadano, se niega a consultarlo, se ampara en el independentismo y utiliza el poder Ejecutivo en beneficio propio, a costa siempre de los intereses del país que preside; no tiene precedentes en ninguna democracia occidental, pero los sienta para el futuro: la indiferencia hacia las urnas, el pacto contra natura, el asalto a RTVE, el intento de boicot al Senado, el recurso cotidiano al decretazo y la colonización del Estado con files y amigos sortean todas las líneas rojas y hacen más difícil que, en el futuro, otros Gobiernos con más respaldo popular no incurran en el mismo juego.

Sánchez es presidente pese a los ciudadanos y por el independentismo. Todo lo demás es propaganda pagada desde La Moncloa

Sánchez no tiene nada que celebrar, ni por razones de elemental concepción democrática ni por el resultado de su gestión: Cataluña representa un conflicto aún peor que en el pasado reciente por la disgregación del bloque constitucionalista y la incipiente sumisión de Moncloa a la Generalitat; la economía ofrece claros síntomas de agotamiento y casi recesión; el resentimiento y el ajuste de cuentas revanchista se ha asentado en el eje de la vida política española y el nepotismo campa a sus anchas como nunca.

A las urnas

La efemérides sólo alegra, en fin, al beneficiario de la cadena de despropósitos, insensateces y desdoros que ha hecho que el candidato menos votado de la historia de un gran partido, tras paralizar España durante un año y obligarla a repetir Elecciones, sea el presidente más consagrado a un autobombo ridículo que ni él mismo se cree: si tan convencido está de que tiene el plácet de los españoles, ¿por qué no les pregunta en las urnas?

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