21 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los cien días de Sánchez

 

 

Aceptar que la vida es un devenir sujeto a perpetuo cambio, que por su propia esencia se halla sometida a avatares que en ocasiones retratan al ser humano como una frágil criatura privada del control de su propio destino, tal vez ayude a comprender el inextricable dédalo de la política, que vive, quizá, uno de sus momentos más convulsos. Cuando más se la espera, cuando más necesario resulta la existencia de un liderazgo de la clase dirigente, unos cuantos parecen empeñados en enterrarla bajo toneladas de descrédito.

La tradicional costumbre de conceder al nuevo gobierno de turno cien días de cortesía parlamentaria sin duda alguna pertenece al pasado, y a la vista de la atomización del voto, no parece que el tradicional bipartidismo vaya a regresar, no al menos en las próximas fechas ni desde luego en los siguientes comicios; resulta innegable la cruenta lucha que entre todos ellos se libra, de manera que, como en la famosa película de “Los inmortales”, solo puede quedar uno.

Y mientras tanto, es inevitable que la cada vez más insoportable tensión que ocupa el espacio público se propale entre la ciudadanía, que tiende de igual manera a polarizarse en extremos irreconciliables.

Tan alérgico a las urnas como a la transparencia de su gestión, hemos descubierto que sus inefables viajes en el Falcon son de tal naturaleza que solo la Ley de Secretos Oficiales puede actuar como un escudo antimisile

Supongo que Pedro Sánchez habrá vivido en sus propias carnes el lancinante aguijón del orgullo herido, de la vanidad maltrecha y, en definitiva, del menoscabo de la propia honra y fama, cuando en estos primeros cien días, celebrados con toda pompa y boato en un sonrojante autohomenaje, en aplauso colectivo de la corte de turiferarios que le rodean, ha descubierto el terrible abismo que separa dos conceptos tan próximos entre sí como distantes. Que ocupe la primera magistratura del país de manera legal, no conlleva que lo haga además de manera legítima.

 

Escribió Shakespeare que la fama, vano ruido y falsedad e impostura, las más de las veces de ganaba sin mérito y se perdía sin culpa. Hasta en eso ha demostrado nuestro Presidente su innata capacidad para contravenir nada menos que al Gran Bardo, en ocasiones sospechoso de haberse servido de la pluma de terceros para culminar la más grande obra literaria en lengua inglesa. Pero a diferencia de él, quizá víctima de ese mal tan humano como reprochable, el de la envidia, suerte de admiración no reconocida ni aceptada al decir de Kierkegaard, que envenena el corazón con la hiel del vanidoso, nuestro Presidente es un plagiador reconocido y confeso, pero solo a medias.

Pedro Sánchez ha hecho no ya de la política, sino del Gobierno de todos los españoles, su particular atalaya desde la que pontifica su laico credo, evidenciando que quien no esté con él, contra él ha de estar. Nunca antes se ha mostrado por parte de ningún Presidente una mayor falta de imparcialidad y objetividad, de vocación de servicio público para todos y en nombre de todos.

Los recursos públicos

Es ahí donde radica la verdadera esencia de su magistratura, de la que debe exigirse y también esperarse una inmaculada ejemplaridad. Tan alérgico a las urnas como a la transparencia de su gestión, hemos descubierto que sus inefables viajes en el Falcon son de tal naturaleza que solo la Ley de Secretos Oficiales puede actuar como un escudo antimisiles ante la malsana costumbre que ya arraiga en este país, de inquirir cuando se trata de saber en qué y por qué, un mandatario público, decide emplear los recursos también públicos en quehaceres personales.

 

Una imagen prototípica del actual presidente: Sánchez, hace dos años, retratándose frente a la celda de Nelson Mandela

 

Dos son, a mi modo de ver, los únicos posible antídotos frente a este mal que ya circula por el torrente sanguíneo de una ciudadanía harta, y con razón, de los desmanes de nuestros gestores; el primero no es otro que la inmediata rendición de cuentas. Solo cuando la presión mediática y el clamor público alcanzaron tal repercusión, se ha visto forzado, días después, a exhibir su famosa tesis, oculta a los ojos expectantes de quienes han podido comprobar que su texto, además de poco riguroso, se halla repleto de burdas copias sin referencia alguna a sus legítimos autores, cuando para mayor sorpresa, el tribunal examinador suscita evidentes dudas acerca del proceder seguido en este sórdido asunto.

El segundo antídoto es el de la ejemplaridad, exigible a quien, investido de la necesaria potestas, debe además hacer uso de una impoluta auctoritas. En la ancestral Roma, quienes aspiraban a ocupar algún cargo público, comparecían en los foros adecuados para exponer el porqué de su elección frente a otros aspirantes.

Llama la atención que desde Moncloa se haya lanzado una defensa pública con públicos recursos por un asunto que pertenece a la esfera privada de Sánchez

Para ello, vestían una blanca túnica,- la candida, de ahí proviene el término de candidato-, contribuyendo así a fortalecer sus aspiraciones. Quinto Cicerón ya escribió un opúsculo para que su ínclito hermano, el famoso Marco Tulio Cicerón, ganara su elección al Consulado. Más pragmático, pero también más desengañado, Plutarco dejó sus famosos Consejos Políticos.

Ignoro si los asesores de Pedro Sánchez han leído tales obras, aunque me sospecho que en estos tiempos de telepolítica son más partidarios de House of Cards y El Ala Oeste de la Casa Blanca, ambas excelentes, pero sin duda muy alejadas de nuestro sistema constitucional.

Filibusterismo

Quizá ahí radique si no la única explicación, sí al menos una de ellas, acerca de este giro presidencialista de nuestro sistema parlamentario, más próximo aquél al modelo  americano que al de la democracia liberal parlamentaria representativa que la Constitución, mal que les pese a algunos, consagra.

Quizá por ello, la adulteración de nuestro sistema mediante esta propensión filibustera a hacer del Decreto Ley el asiduo compañero de viaje de Sánchez, que de él se sirve lo mismo para un roto que para un descosido, explique también por qué surgen tantas serpientes de verano en su errática presidencia, pues sus ocurrencias nacen con el vigor de la aurora pero mueren con la oscuridad de cada anochecer.

 

Pedro Sánchez debe convocar elecciones de manera inmediata. Es difícil encontrar un periodo tan corto de presidencia marcado por decisiones tan erráticas como injustificables. La extraordinaria y urgente necesidad en la que se ampara para adoptar tan agresivas decisiones, incluyendo un intento de atropello a la Cámara Alta, el Senado, para cambiar de manera, una vez más, torticera, el derecho parlamentario, nada menos que modificando con una ley escoba la LO. de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, la misma que puso coto al déficit público que, como un caballo desbocado, alcanzó dobles cifras con Zapatero, es un síntoma más de la grave enfermedad que el Parlamento actual padece; la falta de ejemplaridad en la contratación de su mujer como profesora asociada universitaria; los ceses de sus ministros réprobos y la larga cadena de errores acaecidos en apenas cien días, presagian un oscuro horizonte si la nave prosigue a la deriva y el capitán, entretanto, consulta más su espejito mágico para saber que sigue siendo el más bello del reino, descuidando el cuaderno de bitácora, y  navegamos por aguas encrespadas, la costa repleta de amenazantes farallones.

Muestre ya, señor Sánchez, y a plena luz del día, lejos de conciliábulos secretos y alejado de trileros y truchimanes despreciables, si su túnica permanece tan impoluta como asegura; deje que seamos otros, el conjunto de los votantes de España, quienes así lo decidamos. 

Elecciones ya. 

 

 

PD: Escribía Emerson en su maravillosa “Conducta de la Vida” acerca de la importancia de los modales heroicos, de la importancia de la rectitud en el comportamiento de todo político. Marco Escauro fue acusado por Quinto Vario Hispano de haber cometido graves delitos contra la República romana, alentando un levantamiento rebelde. El acusado respondió así frente a tal acusación: “Quinto Vario Hispano alega que Marco Escauro, presidente del Senado, alentó a los aliados a tomar las armas; Marco Escauro, presidente del Senado, lo niega. No hay testigos. ¿A quién creéis, romanos?” Una vez dichas tales palabras, fue absuelto por el pueblo romano.

PD2: En el feo asunto del plagio del Presidente, que la defensa se articule sobre la idea nuclear de si plagiado por encima o no de un umbral determinado, no si en efecto, el plagio existe o no, llama poderosamente la atención el que desde Moncloa se haya lanzado con la celeridad del rayo una defensa pública con públicos recursos en relación a un asunto que pertenece a la esfera privada de Pedro Sánchez; sobre unos hechos acaecidos hace más de seis años.

Aplicando las mismas razones, ¿procedería igual la Presidencia  del Gobierno y toda su oficina y recursos asignados, en el caso de que, por poner un ejemplo, el actual Presidente debiera arrostrar una multa de tráfico, no descartable después de haber recorrido toda la península con su Peugeot, cuando no ocupaba tan alta magistratura? La respuesta es, obviamente, no. De ahí que no se entienda tal proceder. Debiendo presumir la legalidad de esta actuación, jamás inconcusa y por ello mismo atacable si alguno de los medios de comunicación que siguen este asunto encontrara documentación que acreditara lo contrario, de lo que no me cabe la menor duda es de que se trata de un conducta nada ejemplar; otra más.

Comenta esta noticia
Update CMP