La ciudad no es para mí. Sin vergüenzas

Josep Carreras gritó por su Catalunya Lliure detrás de una cámara deportiva y acosando cobardemente al periodista, cuando bien se hizo querer en español y haciéndose el valienteopi.

Como en la entrañable canción de Rocío Jurado para Lola Flores (¿fachas, ambas tan españolas?) se nos rompió el lenguaje de tanto usarlo. Dos acepciones principales contienen los diccionarios españoles del término vergüenza: “sentimiento de pérdida de dignidad causado por una falta cometida o por una humillación o insulto recibidos” y “sentimiento de incomodidad producido por el temor a hacer el ridículo ante alguien, o a que alguien lo haga” (cuidadosamente entrecomillo en este sencillo artículo de opinador sin búsqueda de título o mérito alguno).

De la segunda se deduce la muy conocida acepción -recientemente muy practicada por los españoles de sentido común, a costa del presidente Sánchez- de vergüenza ajena.

El plural introduce curiosos matices que connotan cuestiones más íntimas e incluso atributos sexuales que no deben exhibirse.

Y el estado de ausencia o de inexistencia endémica o sobrevenida que la partícula sin señala nos lleva a su vez a otros derroteros según anteceda al singular o al plural del sustantivo.

Si las unimos, se utiliza como adjetivo y los dos usos más comunes suelen ser: “que obra o habla sin comedimiento o respeto y con descaro” y “que se comporta de forma inmoral” (que no es lo mismo, pero es igual; por ejemplo Josep Carreras gritando por su Catalunya Lliure detrás de una cámara deportiva y acosando cobardemente al periodista, cuando bien se hizo querer en español y haciéndose el valiente en su momento).

Y si usamos el plural, a estas alturas del partido, parece que nos estamos refiriendo a algunas mayorías forzadas (y vergonzantes).

La cosa adquiere ya dimensión nacional y la colección de memes que sin demasiado esfuerzo hemos ido reuniendo del Gran Okupa después del desliz (soy de los que creo que fue un pulso) es la mejor manera de explicarlo: sentado en el trono y coronado junto a su santa, bendiciendo urbi et orbi, levantando la copa de los mundiales o la de roland garros, de general condecorado hasta las cachas, recibiendo el Nobel de economía … (hay otros no menos sustanciosos pero más procaces que me ahorro).

Nada nuevo en este “Levante” (sic, doctor Sánchez) cuando las legislaturas tienden a apagarse como las cenizas de Anna Malagrida en el IVAM. Pasta gansa para Acció Cultural y ni un duro en el Cabanyal de nuestras entretelas; ridículas magas en el mismísimo balcón de la Senyera ausente del Te Deum catedralicio; lío y déficit en la EMT y las plazas sin empezar (Brujas, Reina, Ayuntamiento …); los amiguetes de Fuset forrándose y na de na para el Museo Fallero; botellones y patinetes por doquier y los vecinos cabreados; el Parque Central de Gustafson sin acabar y nasti de nasti de la Ley de capitalidad ni del Centro de investigación alimentaria …

Todo bajo la atenta mirada de la podemita Agencia Antifrau que se reclama independiente y aspira a ser como el CVC de Grisolía, con la ayuda de determinados jueces y fiscales (huidos o huyendo) y de lo más granado de la abogacía de la Generalitat.

Sin vergüenzas (se tome como se tome).

 

 

 

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