19 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La verdadera razón del choque de trenes en el Supremo con las hipotecas

El espectáculo en el Alto Tribunal puede tener una causa de origen sorprendente, casi infantil, que demuestra que los jueces son tan humanos como un niño. O más.

 

 

¿Cómo es posible que todo un Tribunal Supremo emita una sentencia y, en pocas horas, se enmiende a sí mismo para al final fallar en el sentido totalmente opuesto al inicial? Más allá del fondo, discutible pero defendible jurídicamente en cualquiera de las dos opciones, hay una razón que explica que todo ese contrasentido se exhibiera en público.

Y no es precisamente una razón muy decorosa, por infantil e insignificante al lado de la magnitud de las decisiones del Alto Tribunal y de su enorme prestigio, al menos hasta ahora, dañado en el peor momento posible: cuando está a punto de enjuiciarse a toda la cúpula del procés independentista.

Pues bien, aunque parezca mentira, buena parte del conflicto interno obedece a la falta de respeto profesional que una parte no menor del Supremo tiene hacia el presidente de su Sala III de lo contencioso-administrativo, Luis María Díez-Picazo Giménez.

¿Y por qué ese desdén? Bien sencillo: no es magistrado de carrera, sino que procede del famoso turno para "juristas de reconocido prestigio" que, en su caso, es incuestionable en el ámbito académico. Pero para muchos miembros de la élite judicial del país, no es "uno de los nuestros", sino un outsider promocionado a costa de un juez de carrera, según su razonamiento.

 

Sea o no justo, sí es cierto que, en condiciones normales, jamás se hubiera hecho pública una sentencia sin la discusión jurídica que aquí se hizo con ella ya publicada en todos los medios de comunicación y conocida por toda la opinión pública: la discusión interna no hubiese trascendido y la transformación de un fallo en otro se hubiera gestionado de puertas para adentro porque, simplemente, el primero no existiría sin ese debate que aquí se saltó.

¿Se enteró por TV?

Y todo, probablemente, por ignorar a Díez-Picazo, que fuentes jurídicas incluso afirman que no se enteró de la sentencia inicial, la que cargaba el impuesto en la banca, hasta que la vio poco menos que en televisión. ¿Puede todo este desperfecto, agravado por Sánchez y su improvisado truco de un nuevo decreto-ley, obedecer a una explicación tan parda? Pues claro que sí, aunque parezca mentira.

 

Comenta esta noticia
Update CMP