19 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez no debe retroceder ni un paso en el asunto de Gibraltar



 

 

La existencia de una colonia de un país europeo en otro, como ocurre con el Reino Unido y España con Gibraltar, es un vergonzoso anacronismo que, sin embargo, no resulta fácil de resolver al contraponer los derechos españoles a las costumbres llanitas: por mucho que la Roca sea geográfica e históricamente española, no se puede ya obviar la realidad británica de sus habitantes tras más de trescientos años de ocupación.

Precisamente por eso, la cosoberanía del Peñón es la única solución más o menos razonable, pues conjuga la evidente ascendencia española con su innegable realidad británica: la Roca es española, sin duda; pero quienes viven en ella son ingleses.

El Brexit debía de ser una oportunidad para mejorar la posición de España en Gibraltar, pero está sirviendo para lo contrario

El problema es que ese estatus ha servido, sobre todo, para construir un paraíso fiscal y económico en plena Unión Europea, con una sobreprotección del Reino Unido y una degradación de los derechos e intereses de España que, al calor del Brexit, debería poder revertirse.

Lejos de eso, el bochornoso apaño entre las autoridades británica y europeas ha estado a punto de difuminar el papel de España, al introducir en el acuerdo de salida de Europa del Reino Unido un difuso artículo que parece aumentar la jerarquía británica en la zona y no, como debiera ser, debilitarla al subordinar doblemente a Gibraltar a España y a la Unión.

Que eso se haya evitado por el buen hacer de los servicios diplomáticos de España y no por la tutela efectiva de Europa es indignante, tanto como la altanería de Theresa May al insistir en que todo lo que tenga que ocurrir con Gibraltar será, ante todo, una decisión británica.

Una oportunidad

La salida del Reino Unido de Europa es un desastre para la Isla y también para el conjunto de la Unión, por mucho que ambos actores trabajen arduamente en llegar a un acuerdo que, de algún modo, mantenga la alianza preexistente pero con otro nombre. Pero también es una oportunidad, al menos en lo referente a Gibraltar, para que España y la UE se garanticen la subordinación de la Roca a la historia y las normas del país y el continente en el que está.

Hay que apoyar  en esto a Pedro Sánchez, pues, que tal vez debería dedicar más tiempo a este asunto que a Cuba: sabiendo que en estas horas se va a decidir la letra del Brexit y su resaca en Gibraltar, no debía haber encontrado mejor sitio que Madrid para defender los intereses del país que preside.

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