25 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Rubén Amón destapa los 10 peldaños que llevan a Pedro Sánchez directo al abismo

Pedro Sánchez y sus diez pasos hacia el abismo.

Pedro Sánchez y sus diez pasos hacia el abismo.

Aunque el periodista, muy duro con el presidente del Gobierno, asegura que ya conocíamos su egolatría, reconoce que todos esperábamos una versión más aseada durante la catástrofe.

Este lunes Rubén Amón comienza la semana en El Confidencial atizando duro al Gobierno de Pedro Sánchez ya no tanto por la catástrofe sanitaria del coronavirus o su repercusión en una economía tan relacionada con las exportaciones, los servicios y el turismo, como por la gestión negligente de la crisis: "más todavía cuando se compara el 'caso español' con los vecinos europeos y cuando se constata que el efecto de la pandemia ha sido aquí mucho más devastador".

Entre otras cosas, matiza, porque "Sánchez ha escogido un modelo de gestión autoritario, arrogante y narcisista, razones por las cuales es el presidente del Gobierno quien nos lleva de la mano a ciegas hacia una especie de abismo que se identifica en 10 pasos".

El primero, a juicio del periodista, es la "subestimación", donde las manifestaciones del 8-M representan el pecado original de la crisis.

El segundo es la "improvisación" porque el coronavirus no ha sido una erupción repentina, ni un terremoto inesperado. Se veía venir y había demostrado su ferocidad por lo que "el tiempo perdido que tardó en tomarse en serio se añade a la improvisación que se precipitó después y que sigue todavía presente". Vamos, asegura, que "Sánchez, escudado o escondido en sus expertos, nos ha llevado siempre un paso detrás".

En cuanto al tercero, el "desabastecimiento" apunta como "episodio más vergonzante de la pandemia" la falta de medios elementales para combatirla. Así, "vamos con retraso en los recursos tecnológicos y mucho más lejos de lo anunciado en los test", de ahí la criba brutal que ha sacudido a los profesionales sanitarios.

Según Amón, el cuarto es la "descoordinación" porque "tiene  poco sentido centralizar la solución del problema y decretar el mando único para luego incurrir en un ejercicio angustioso de falta de coordinación".

El "aislamiento político" sería el quinto y explica las dudas con las que Sánchez encara la renovación del estado de alarma: "sería un error neutralizarlo ahora, pero un error enorme ha sido convertirlo en un instrumento de poder particular como defensa de la posición minoritaria". En su opinión, "Sánchez ha preferido un modelo cesarista, ideológico, en lugar de tratar la crisis como un problema de Estado en cuyas soluciones debía haberse involucrado a la oposición".

El sexto es la "doctrina económica": "El enfoque ideológico-asistencialista ha creado enemigos insólitos entre los grandes y pequeños empresarios" mientras permanecen los autónomos desamparados pero sin las condiciones de un diálogo social porque "ha prevalecido un modelo paternalista".

Por no hablar del séptimo: el "paternalismo-narcisismo" de Sánchez que convierte al Gobierno en sabios adultos y a los adultos en niños: "Se nos ha tratado infantilmente desde el principio, como si no pudiéramos entender la verdad. O como si debiéramos asimilarla en dosis homeopáticas". Muy duro, Amón recuerda que "ya conocíamos la egolatría de Sánchez, pero esperábamos una versión más aseada durante la catástrofe". 

Y todo esto lleva al octavo: la "confusión" por la opacidad del Gobierno en la manera de explicarse, la ambigüedad de las comparecencias, la improvisación, los desmentidos, las aclaraciones, las rectificaciones... "no es fácil cumplir las normas cuando no se sabe cuáles son". 

El noveno es la "propaganda": "Sánchez sabe de la mansedumbre de la sociedad en un estado de sugestión y de 'shock'. Es la perspectiva de la que intenta crear un régimen propagandístico-mediático que convierte los bulos ajenos en delito y los bulos propios en dogma".

Y para terminar: "Autoritarismo". Concluye que "el estado de alarma obedece a las medidas excepcionales de una pandemia que requiere el control de los movimientos, pero Sánchez tanto lo ha convertido en un instrumento de supervivencia política como en la pantalla de un estado de excepción".

En resumen: "Nunca como ahora Sánchez ha sentido en su cabeza la corona de laureles".

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