¿Dónde termina la conciliación familiar y laboral?

De las 31.435 excedencias por hijos a cargo solicitadas en 2014, un total de 29.554 fueron pedidas por madres. Sólo 1.881 fueron solicitadas por padres.

Recientemente publicaba un medio de comunicación que las asistencias médicas en Urgencias por consumo de tranquilizantes se habían triplicado en el último año.

Ignoro con qué fin, citaba la noticia que la mayoría de personas atendidas (57%) eran mujeres con una edad media de 40 años, según datos facilitados por la Conselleria de Sanitat.

Más allá de la simple mención del dato de género, la noticia soslayaba la cuestión y profundizaba de manera genérica en las causas que podían llevar a una persona al consumo de ansiolíticos: presión laboral, menor tolerancia a la frustración y tendencia a medicalizar situaciones cotidianas de la vida.

Sin embargo, el dato no debe dejarnos indiferentes.

Desde un punto de vista biológico y profesional, una mujer de 40 años está en una etapa esplendorosa de su vida, por lo que aparentemente no habría razón que justificara ese 57% de asistencias en Urgencias por consumo de tranquilizantes.

Por ello, ¿qué puede haber detrás de ese porcentaje mayoritario?

Si un@ se detiene a observar la vida de una mujer de 40 años, quizá no resulte difícil obtener respuesta: quizá en la raíz del problema se encuentra la conciliación de la vida familiar y profesional.

La cifra de desempleo femenino o la prolongación de los estudios y progresión profesional juegan un papel relevante a la hora de tomar la decisión de tener hijos, por lo que, de los 25 años de edad media para tener el primer hijo de 1975, alcanzamos los 32 en la actualidad.

Por su parte, el artículo 68 del Código Civil nos recuerda que los cónyuges tienen la obligación, entre otras, de compartir responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo.

Como declaración de principios no está mal. Por si alguno se ha visto rápidamente reflejado en la dicción del precepto, fíjense que no habla de “ayudar”, sino de compartir.

Sin embargo, la realidad es distinta. Y es que sólo hay que detenerse unos segundos a observar: quién deja a los hijos en la puerta del colegio o quién asiste a las reuniones de profesores en los centros escolares; quién acompaña a los hijos en las consultas médicas o quién atiende a los ancianos de la familia. Hasta en los terroríficos, y no por ello menos frecuentes, grupos de whatsapp de padres de alumnos, son las madres las que tienen una participación activa y mayoritaria (algunos grupos se llaman directamente “Mamás de clase”). A buen seguro que más de un progenitor los tiene silenciados, por resultar dañinos y seriamente perjudiciales para la salud.

Profundizando en el ejemplo, según el Instituto de la Mujer, dependiente del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, de las 31.435 excedencias por hijos a cargo solicitadas en 2014, un total de 29.554 fueron pedidas por madres. Sólo 1.881 fueron solicitadas por padres. Si se tiene en cuenta que la excedencia es un permiso no retribuido, el dato es aún más desalentador. Una de las razones por las que son “ellas” las que la solicitan es porque ”ellos” suelen tener un salario más elevado.

Según datos del Instituto de Política Familiar, organismo de ámbito internacional, en España las mujeres dedican 4,29 horas de media al hogar y la familia, mientras que los hombres contribuyen con 2,32.

Es cierto que algo se ha avanzado en este aspecto, pues reconocer la existencia del problema ya representa un paso, pero las cifras nos alejan del optimismo.

¿Descendería ese 57% con más medidas eficientes para la conciliación familiar y laboral? Eso y la superación de los lastres educacionales que arrastramos en el desempeño de roles en la familia podrían ser una buena solución.

*Abogada y excoordinadora de UPyD

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