24 de mayo de 2019
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Fresas y fresones, las deliciosas frutas rojas universales.

Fresones y fresas

Fresones y fresas

De la Patagonia chilena al Versalles de la Pompadour, la universal fruta roja por excelencia. La joya frutera más deseada por las aristócratas.

 Cuenta la leyenda que si partes una fresa por la mitad y la compartes con una persona del sexo opuesto, el amor surgirá. Nosotros completamos la receta con dos copas de cava a las que añadimos fresitas, después de compartirlas se bebe el vino, una mezcla de dulzura, acidez y sensualidad para asegurar el amor.

Esta baya que aparece a lo largo de los siglos en la historia, literatura y pintura, tiene en su propia forma de corazón la pureza y la pasión que muchos la atribuyen. Pero el origen de las fresas silvestres, y luego cultivadas, y los fresones son distintos. El fresón, como veremos más adelante vino de América, y lo que actualmente consumimos es un híbrido de distintas variedades.

La fresa pertenece a la familia de las rosáceas y su nombre fragaria, comúnmente llamado fresera, deriva del latín fragancia fraga. De hecho, aunque las fresas silvestres se encontraban en las lindes de los bosques, los romanos fueron los primeros en cultivarlas. Cuando Virgilio, Ovidio o Plinio las mencionan se refieren a la fresa común de los bosques. Los antiguos romanos usaban estas bayas para múltiples remedios: para aliviar síntomas de melancolía, desmayos, inflamaciones, fiebres, infecciones de garganta, gota, enfermedades del hígado, de la sangre....

Desde entonces su consumo ha estado muy extendido y hay cantidad de referencias a ellas. En el siglo XIV, en los jardines reales de Carlos V de Francia se cultivaban cientos de variedades. En Otelo, Shakespeare adornó el pañuelo de Desdémona con fresas simbólicas. E ilustres damas pusieron de moda bañarse en jugo de fresas para mantener la suavidad y tersura de la piel. También las encontramos simbolizando la rectitud y perfección en los altares medievales y alrededor de las cabezas de los pilares de iglesias y catedrales.

Fresones y fresas de Aranjuez

Hasta el siglo XVIII la fresa silvestre predominó en nuestro continente. Mientras en América existía el fresón chileno o frutilla blanca y el virginiano. Parece ser que la planta originaria de América del Norte fue llevada a Chile por las aves migratorias. Alonso de Ovalle 1614 clasifica y da nombre al fresón chileno. Años más tarde, llegó a las costas de Virginia el Mayflower y sus pasajeros hablan de la abundancia de esta fruta.

Pero la historia quiso que fuese un francés al servició de Luis XIV, Amedeé-François Frézier, quien llevase a Francia ejemplares del fresón chileno y de paso la fama de ser su descubridor, tanto es así que muchos atribuyen el nombre de la fresa al del ingeniero francés. Una vez en Francia las variedades chilenas y virginianas acabaron por originar un híbrido conocido por fresa ananás que es el actual fresón, fresa o frutilla –como se denomina en América-.

En España las popularizaron los Borbones, siendo los responsables de la fama de la fresa de Aranjuez. Durante el reinado de Felipe V se plantaron en las huertas de Aranjuez pues a su segunda esposa, Isabel de Farnesio, le encantaban. Pronto se convirtieron por su gusto y delicadeza en un producto emblemático del Real Sitio. Hasta el punto que la línea de ferrocarril en Madrid y Aranjuez, inaugurada en 1851, se la conoció como el "Tren de la fresa", pues abastecía a la corte de esta fruta. Hasta hace poco era fácil comprarlas durante esta temporada en los puestos callejeros de Aranjuez, pero la escasez ha hecho que las pocas que se producen se las disputen los mejores restaurantes y algunas fruterías de renombre.

Actualmente, Huelva es la máxima productora y exportadora. El fresón onubense representa más del 65% del producto nacional. La Comarca del Maresme, Valencia y Extremadura son también importantes productores. En cuanto a variedades, la fresa la reina del Vallés es la más producida y el fresón camarosa, fruto grande, de color brillante y de buen sabor y firmeza, el más consumido.

Fresa Silvestre

Además de la delicia de su sabor y textura, esta fruta aporta al organismo numerosos beneficios por su alto contenido en vitaminas y sales minerales. Entre las vitaminas que destacan están la A, C, B1 y B2, también son notables los ácidos orgánicos que confieren a esta fruta un alto poder alcalinizante y el calcio, hierro y fósforo. Tiene un gran efecto antioxidante. En resumen, que un buen zumo de fresas es uno de los productos más complejos del reino vegetal.

Está claro que en el mercado escogeremos los ejemplares tersos, brillantes, sin magulladuras ni blancos y cuyas hojas estén firmes. Ahora que estamos en plena temporada la forma de consumirlas son múltiples, con vino, leche o azúcar. Aunque la más extendida es con nata, también están muy ricas acompañadas de zumo de naranja. Y, no puede faltar nuestra recomendación, si encontráis la ocasión no dejar de probar el gazpacho de fresa, una delicia para intrépidos paladares.

 
 
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