25 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

O Pedro Sánchez y el nacionalpopulismo; o una alianza del centro derecha

 

 

Nadie debe llevarse a engaño: el próximo 28 de abril se elegirá al presidente de un Gobierno con dos únicas opciones. O se repite, con menos disimulo si cabe, el pacto por acción y omisión de Pedro Sánchez con Podemos y los independentistas; o accede a La Moncloa un Ejecutivo de coalición entre el PP y Cs con la participación decisiva de Vox.

No hay más combinaciones posibles, pero sí hay diferencias a la hora de reconocerlo: Sánchez, una vez más, esconde sus intenciones, probablemente porque de nuevo esté dispuesto a todo con tal de mantenerse en un puesto que nunca debió de ostentar con los respaldos que obtuvo para su artera moción de censura.

Pero son los mismos, o aún peores, en el sentido de que sus exigencias serán sin duda mayores: Podemos, el partido más complaciente con el soberanismo, pedirá participar en el Consejo de Ministros; y los independentistas pasarán una factura que ya ha sido enorme pero con toda seguridad será, en ese escenario, aún mayor.

Sánchez, sin alternativas

Y no tiene Sánchez otra opción -salvo una inviable mayoría absoluta- porque, además de la evidente negativa de PP y Vox a pactar con su PSOE, Ciudadanos ha anunciado también que no llegará a ningún acuerdo con los socialistas sea cual sea su candidato: se corta así la especie de que, con Sánchez fuera, el entendimiento entre ambos partidos era viable.

España no se merece el pastiche entre un PSOE desnortado, un Podemos a la deriva y una amalgama de partidos secesionistas reñidos entre ellos

Los españoles tienen ante sí, pues, una decisión trascendental de consecuencias complejas pero fácil de enunciar: o respaldan el inestable y tendencioso proyecto de Sánchez, sometido al nacionalismo, al populismo y al revisionismo a la vez; o permiten una alianza de centroderecha en la línea de la práctica totalidad de los países avanzados del mundo.

No hay más, por mucho ruido y confusión que el sanchismo quiera poner a la campaña a efectos de esconder el único debate relevante: si España se da una oportunidad desalojando en las urnas a un presidente nefasto soportado por los peores apoyos o si, por contra, prolonga su degradación renovándole en el cargo.

Dos opciones

La alianza entre PP, Cs y Vox es más difícil para los dirigentes de los tres partidos que para sus votantes y, aunque no está exenta de riesgos, es plenamente coherente: más allá de matices emocionales y de tácticas electorales, los tres partidos comparten una raíz liberal o conservadora más sencilla de ensamblar que el pastiche entre un PSOE desnortado, un Podemos a la deriva y una amalgama de partidos secesionistas que coinciden en la ruptura constitucional y se pelean entre ellos en todo lo demás.

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