26 de mayo de 2019 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Peñafiel quema Casa Real aireando las "debilidades y miserias humanas" del Rey

El último artículo del periodista azote de Doña Letizia es explosivo para la imagen del Monarca español. Ha sobrepasado todas las fronteras de lo políticamente correcto y permisible.

Si en su día fue el azote de la Reina Letizia, el periodista Jaime Peñafiel ha ampliado últimamente sus latigazos y se ha convertido también en una pesadilla para el propio Rey Felipe VI.

Su columna en el LOC de El Mundo ya es una tortura para la Casa Real que cuando no es por una cosa es por la otra pero el periodista siempre se encarga de mover el brasero para levantar ampollas en Zarzuela. 

En su último artículo no duda en recuperar al general José Antonio Alcina, responsable de la educación y formación de Felipe, durante los diez años en los que fue su sombra, "para hablarnos de las debilidades y miserias humanas del hoy Rey de España".

Aunque "el ilustre militar y preceptor ha fallecido recientemente" Peñafiel recupera su "magnifico testimonio Así se formó el Príncipe Felipe (La Esfera de Los Libros, 2004)", del que reproduce unas "impagables anécdotas sobre... el sueño".

Dice el periodista que "leyéndolas se entiende que Felipe intentara que el libro de su preceptor no viera la luz. Dos años estuvo congelada la difusión, hasta que una editora, la gran Ymelda Navajo, decidió, contra viento y marea, su publicación, en 2004 . Como regalo de bodas. Todavía recuerdo la mirada, no precisamente cariñosa, que Felipe le dirigió a José Antonio Alcina al pasar junto a él cuando abandonaba el templo de La Almudena, donde acababa de casarse", apunta empañando la imagen del Monarca con sus insinuaciones.

Ya puesto, Peñafiel rememora que "el 24 de abril de 1984, cuando Alcina recibe la orden del Rey Don Juan Carlos de ocuparse de la educación y formación de Felipe, éste solo tiene 16 años. Y era un niño mal criado, flojo en sus estudios, con faltas de asistencia y puntualidad en sus obligaciones escolares y déspota. Con un grave problema añadido: el sueño. "Estaba pasando una mala racha, un mal momento, quizá como consecuencia de su crecimiento, de su pubertad, lo que provocaba cierta vagancia, somnolencia y falta de interés en general. Se quedaba dormido hasta de pie", recuerda, con mucha generosidad, Alcina en su libro". 

Así, continúa, "sobre las siete y media de la mañana, la primera labor era despertarle de su habitualmente pesado sueño con toda clase de artimañas". Para ello el tutor recurría, "a tirarle de los pies, abrir de par en par la ventana de la habitación o llamarle telefónicamente desde la centralita de La Zarzuela".

Según el relato, "los problemas de sueño de Felipe a los 16 años se presentaban, también, durante las clases. Si las impartían sentado, se dormía. Por ello recomendó que siempre estuviera de pie aunque sin apoyarse porque también se dormía. Y si colocaba los codos en la mesa se quedaba profundamente dormido. Me extraña que el equipo médico de la Casa Real no se ocupara de este problema que podría deberse a una narcolepsia o sueño sin previo aviso y que suele manifestarse, estés donde estés y en cualquier lugar, en la adolescencia. Este problema continuó también durante la estancia de Felipe en el Lakefield College School de Canadá, donde permaneció desde septiembre de 1984 y todo el año 1985, acompañado siempre por su preceptor José Antonio Alcina".

Con no poca mala leche, se pregunta en voz alta: "Me gustaría saber si esta dependencia del sueño de antaño sigue afectando a Felipe VI hogaño. De todas formas y como lo dejó bien claro Camilo José Cela, "no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo como tampoco estar jodido que estar jodiendo". A esta máxima se pueden acoger todos aquellos que, como el magistrado, los diputados, concejales o el propio Felipe, a veces, se quedan dormidos pero nunca... durmiendo". 

 

 
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