27 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez aumenta la presión sobre Felipe VI para que "entierre" a don Juan Carlos

El presidente del Gobierno ya no disimula. Su marcaje sobre Felipe VI va en aumento, pero los efectos de esa presión son inciertos: juega con fuego y se puede quemar.

 

 

 

Pedro Sánchez tomó la decisión de subirse al trapecio sin red cuando se saltó la presunción de inocencia de don Juan Carlos ante las acusaciones por los desmanes cometidos durante su reinado. Su entrada en tan escabroso asunto ha sido como la de elefante en cacharrería.

A partir de ese momento, los quebraderos de cabeza para La Zarzuela no han hecho más que aumentar. La Casa del Rey hubiera querido gestionar estos “asuntos” a su manera, sin pausa y también sin prisa, pero han sido innecesariamente colocados bajo el foco de la opinión pública.

El discurso de La Moncloa -preparado con cinismo- ha consistido en apuntalar los agradecimientos envenenados al actual monarca sin dejar de dar pasos, eso sí, en una crítica abierta a su padre. Que, dicho sea de paso, con sus acciones ha logrado cargarse su legado.

 

El Gobierno, no obstante, no ha dudado en mostrar contumazmente su preferencia por la salida del Rey Emérito de la residencia oficial del jefe del Estado. Ya se empieza a hablar de otros palacios en Madrid (La Quinta o El Pardo) a donde podría trasladarse, aunque para el entorno de Sánchez “sería una solución insuficiente” porque “no permitiría poner bastante distancia” entre el Rey y los problemas de su predecesor.

O sea, que se busca el extrañamiento de Juan Carlos de Borbón fuera de España. Así se manifestó en la rueda de prensa posterior al último Consejo de Ministros. La portavoz, María Jesús Montero, sin micrófonos delante, no tuvo reparo alguno en explayarse en esa línea. Desde luego no hay precedentes de una actuación así por parte de un Gobierno. Jamás. A Sánchez le consta el malestar del propio Felipe VI.

 

 

Mientras, los cercanos a Pedro Sánchez siguen avivando el conflicto. Lo que demuestra que el presidente no tiene, desde luego, intención alguna de frenarlo. Es más, resulta innegable que, alimentando las llamas del caso, el líder socialista consigue en alguna medida alejar el foco de las críticas a la gestión de la pandemia por parte del Gobierno de coalición.

Y no digamos lo bien que le viene a su vicepresidente, Pablo Iglesias, para tapar el “caso Dina” que le sepulta.

El homenaje solemne, de poco más de media hora, presidido por los Reyes para despedir y reconocer, según el diseño de La Moncloa, a las víctimas del covid-19 y a sus familiares, y a todos los que han luchado para combatir el virus, fue otra ocasión que aprovechó la vicepresidenta Carmen Calvo para pedir a la Casa Real nuevas medidas contra Don Juan Carlos.

El "distanciamiento"

Un movimiento que el gabinete de Sánchez desea que Felipe VI sustancie en apenas dos semanas. “Antes de agosto debería estar zanjado el tema”, repiten sin cesar estrechos colaboradores del presidente.

Funcionarios monclovitas insisten en que son imprescindibles iniciativas de distanciamiento del Monarca respecto a su padre. “Guardar silencio no es la solución”, avisan. Como si, por otro lado, la ruptura de la relación por las presuntas irregularidades de Juan Carlos I no hubiese sido ya decretada por el Rey cuando puso fin a su vida institucional, le retiró la asignación de dinero público y renunció a su herencia.

Ciertamente, el emérito todavía disfruta por ley de honores de Estado semejantes a los de la princesa de Asturias. También posee el título honorífico de Rey y tratamiento de Majestad. Pero La Moncloa, ahora mismo, busca que sea la mano de su propio hijo quien firme una sentencia civil condenatoria mucho antes de que los tribunales se pronuncien. Sánchez, como en tantas ocasiones, tira la piedra y esconde la mano.

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