15 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Qué ha hecho España para merecer esto?

Con mentiras y engaños antes del 10N, Sánchez hará ahora lo que negó de forma reiterada: gobernar con el populismo y quedar intervenido por el independentismo. Un horror y un riesgo.

 

 

Ya está todo ultimado para que Sánchez sea investido presidente con el apoyo, directo o indirecto, de Podemos y de ERC, más una lista de partidos menores que oscilan entre el nacionalismo insaciable del PNV o el focllore regionalista del PRC de Revilla.

Será pues un acuerdo sonrojante, pero nada sorprendente: es básicamente el mismo que ya utilizó el líder del PSOE para acceder por primera vez a La Moncloa en 2018, vía moción de censura, tras dos largos años de bloqueo institucional en los que Sánchez obligó a repetir Elecciones Generales, se negó a facilitar la investidura de Rajoy, intentó ser presidente él mismo pese a haber sacado el peor resultado de la historia de su partido, al que incluso partió en dos para seguir al frente.

¿Ahora España?

Así que el "pacto Frankenstein", bautizado así por su compañero Rubalcaba, es cualquier cosa menos inesperado, y su más que probable concreción define muy bien al beneficiario del mismo: un dirigente sin palabra, capaz de presentarse a las Elecciones con el lema "Ahora España" y el rechazo a este tipo de acuerdos por bandera para, una vez pasado el día de votar, sumergirse en lo repudiado con tal de mantenerse en el poder.

 

 

Lo cierto es que Sánchez va a dar al populismo de Podemos las mayores cotas de poder que jamás hubiera soñado y al independentismo la mayor influencia imaginable en el peor momento para España. Iglesias será vicepresidente y Junqueras, desde la cárcel, el interventor general del Ejecutivo.

¿Qué ha hecho España para merecerse algo así? Porque había otras alternativas que Sánchez ni ha explorado ni quiere; como tampoco las quiso tras el 28A, por mucho que intentara cargar en el PP y sobre todo en Ciudadanos la repetición electoral con la que buscaba, simplemente, mejorar sus resultados.

 

No lo hizo y, lejos de rectificar y priorizar el diálogo con Casado y Arrimadas, ha mantenido la hoja de ruta de la moción de censura y la va a llevar hasta sus últimas consecuencias. Que no pueden ser buenas ni el lo económico ni en lo social ni en lo territorial.

La combinación de crisis, sectarismo y ruptura que se avecina no es una exageración injustificada, sino el efecto de la suma de lo que defienden y aplican los protagonistas de un Gobierno impropio de España e indigno de un país europeo.

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