18 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez, ¿tampoco va a hacer nada contra el Gobierno de Cataluña en Waterloo?

 

 

Con un boato patético que confirma el carácter ilusionario e iluminado del independentismo, capaz de comportarse siempre como si fuera ya una realidad el imposible de la independencia, Puigdemont y Torra han presentado este lunes una suerte de "Govern en el exili" que, desde Waterloo, simulará regir el destino de la República catalana e intervendrá en el presente de la Generalitat autonómica.

Que el Ejecutivo no cumpla con la primera de sus funciones, cumplir y hacer cumplir la Constitución, es indecente

Que todo sea un estrambote inviable, como evidencia el deterioro del bloque separatista y su constante lucha interna (de ERC con Junts, del PdeCat entre sus facciones y de la CUP contra todos ellos) no le quita relevancia política ni jurídica al episodio, que además se presentará esta misma semana con el enésimo acto solemne en el palacio de la Generalitat y su presidente constitucional, Quim Torra, oficiando de maestro de ceremonias de una nueva agresión a la Constitución.

Lo único que explica la inacción del Gobierno, endémica desde la investidura de Sánchez y escandalosa en casos como el boicot al Rey, son las necesidades y deudas particulares del presidente que llegó al puesto precisamente por los mismos partidos a los que ahora no puede, no quiere o no sabe frenar.

Aquella locura hoy se paga

De todas las razones que debieron frenar a Sánchez en su alocada moción de censura, la inevitable dependencia de sus prestamistas políticos era la más relevante: por mucho que el jefe del Ejecutivo intente presentar su inanidad como una apuesta por el diálogo y por evidente que sea que jamás podrá hacer la más importante de las concesiones que exigidas -un referéndum de autodeterminación-, la mera complacencia con tanto abuso es un acto de complicidad intolerable.

El Gobierno no es que pueda, es que debe atajar toda intentona de imponer una realidad ilegal e irrealizable que, sin embargo, tiene consecuencias materiales en términos de imagen de España, convivencia social, equilibrio económico y respeto a las normas vigentes.

La inacción de Sánchez no es por apostar por el diálogo, sino por devolver el préstamos que le hicieron los separatistas

Puigdemont y Torra son dos personajes superados por las circunstancias, pero su impunidad alimenta un estado alucinógeno en una parte de la sociedad catalana que, con el vergonzante apoyo de Podemos y la lamentable inacción del PSOE, prolonga el conflicto y provoca efectos negativos cada día.

Que el independentismo haga su función, siempre imprevisible y desafiante, es algo con lo que hay que contar. Pero que el Ejecutivo no cumpla con la primera de sus funciones, cumplir y hacer cumplir la Constitución y garantizar los derechos individuales y colectivos de todos, es indecente. Y todo por conservar un poder que no le dieron los ciudadanos.

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