16 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El caos provocado por Irene Montero y Espinar arrasa Podemos: "Están muy verdes"

Pablo Iglesias, en el Congreso, junto a Montero y Espinar.

Pablo Iglesias, en el Congreso, junto a Montero y Espinar.

El desánimo se ha instalado en las bancadas de la formación morada por la "irrelevancia" y el "sectarismo" de sus portavoces parlamentarios. Es la consecuencia de la purga del Vistalegre II.

"Ni la calle, ni el Parlamento. Ya solo nos queda la tele". Entre la ironía y la resignación, así se expresa a ESdiario un diputado de Podemos afín a Íñigo Errejón, que tuvo cierto protagonismo antes de la purga del exportavoz parlamentario y que ahora -como muchos otros- está condenado al ostracismo.

Ya ni siquiera se puede decir que las aguas bajen revueltas entre los diputados y senadores que lideran Irene Montero y Ramón Espinar. Los críticos y afines al exnúmero dos -como Carolina Bescansa- han bajado los brazos. Pero la sensación de caos sí se ha instalado en la bancada de la formación morada por lo que se considera "amiguísimo", "sectarismo" e "irrelevancia". "Están muy verdes", se reconoce.

Montero, vapuleada miércoles tras miércoles por Soraya, apunta ahora a Catalá. Pero tampoco está teniendo éxito.

Y es que entre los 71 diputados de Unidos Podemos ha dejado de haber desde hace meses coordinación alguna y Montero ha reducido a un grupúsculo de diputadas el peso de la oposición al Gobierno. Siguiendo las órdenes que Pablo Iglesias impuso tras el Vistalegre II de feminizar el trabajo del Grupo Parlamentario, Montero ha decidido repartir el juego entre varias de sus afines: Ione Belarra, Noelia Vera y Sofía Castañón. También ha ganado peso Gloria Elizo, su representante en la Mesa.

Como muestra un botón. De las dos preguntas que Podemos tenía en su cupo en la sesión de control al Gobierno de éste miércoles la política la formuló Montero, al ministro de Justicia; y Alberto Rodríguez, otra de carácter económico a la de Empleo, Fátima Báñez. De la primera línea han desaparecido algunos diputados que hasta hace meses jugaban un rol destacado como Rafael Mayoral, Pablo Bustunduy y el juez Juan Pedro Yllanes

Irene Montero, a su izquierda Sofía Castañón.

 

Pero a esta marginación  de la primera línea de la mayoría de los diputados y senadores, reconvertidos a un mero papel de botoneros -en el argot parlamentario las señorías que tan solo se dedican a votar-, se suma el desánimo que se ha instalado en la bancada morada en ambas cámaras ante los vapuleos constantes a los que los distintos miembros del Gobierno someten semana a semana a Montero y Espinar.

Soraya desquicia a Montero, que delega en Domenech

En el Congreso, la dirección de Podemos lo ha probado todo. Pero Pablo Iglesias no ha logrado imponerse en ninguno de sus duelos al presidente del Gobierno. Muy comentados han sido los repasos dialécticos de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, a Montero. Hasta el punto que en las últimas sesiones de control es el líder de En Comú y candidato el 21-D, Xabier Domenech, quien interpela a la número dos del Ejecutivo.

Montero lleva dos semanas dirigiendo sus preguntas al ministro de Justicia, Rafael Catalá, con la corrupción y el caso Gürtel como argumento. Pero ha cosechado dos comentados revolcones parlamentarios.

 ¿Y en el Senado? Los críticos califican de "irrelevante" la labor de oposición que encabeza Espinar. Y se recuerda que ni siquiera estuvo presente -por una novatada fruto de su inexperiencia- en la comisión que preparó la aplicación del artículo 155, tal vez el momento más relevante en la historia de la Cámara Alta.

Y otra cosa es la productividad legislativa. Como ironiza el entorno de Errejón: "Manifiestamente mejorable".

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