22 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pablo Casado: un líder preparado en el epicentro de la tormenta perfecta

Pablo Casado con el pulgar levantado.

Pablo Casado con el pulgar levantado.

Al líder del PP estas generales tal vez le lleguen demasiado pronto, sin haber concluido la regeneración de su partido y con Vox y Cs achicándole el espacio electoral. ¿Podrá con todo?



El PP afronta, en apenas unas horas, una de las jornadas más decisivas desde su refundación. Las urnas, para bien o para mal, marcarán un punto sin retorno en la andadura del -hoy por hoy- partido hegemónico del centro derecha.

En otras circunstancias políticas, el mero hecho de ser el primer líder del Partido Popular elegido bajo la fórmula "un militante, un voto" le hubiera debido bastar a Pablo Casado para legitimarse en pocos minutos como el incuestionable jefe de ese amplio espectro ideológico. Pero, y él lo sabe bien, no ha sido así.

Por factores ajenos y también por un buen puñado de errores propios (para algunos, más bien de su entorno, reducido y poco permeable a las distintas "sensibilidades" del partido, además de terriblemente temeroso ante las conjuras palaciegas... que haberlas, haylas), Casado se está viendo obligado desde su llegada a la planta séptima de la calle Génova a justificarse a cada instante.

Los lastres del pasado, la sucesión de casos y tramas de presunta corrupción que ha heredado y que le acechan, pero sobre todo las fuerzas que tiran de su formación (hacia la izquierda, Cs, y hacia la derecha, Vox), han frenado la carrera al sprint a la que el joven líder popular estaba obligado desde el mismo día en que, por sorpresa, derrotó a Soraya Sáenz de Santamaría tras dejar en la cuneta a María Dolores de Cospedal.

Nadie duda, ni fuera ni dentro del PP, de que Casado es un líder solvente, preparado y símbolo de la regeneración que su electorado demandaba. No tiene, como José María Aznar o Mariano Rajoy, la experiencia del tránsito por los distintos escalones de la Administración. Pero, por contra, se ha bregado en las artes de la carrera política junto a los dos ex presidentes y Esperanza Aguirre, y tiene un buen bagaje intelectual, aun siendo notablemente más joven que sus antecesores.

"Casado ha hecho en tiempo récord todo lo que ha podido y más", me confiesa -algo angustiado- uno de sus más fieles.

Ciertamente, ha renovado la vanguardia del PP, si bien aún quedan en su retaguardia, en el ámbito municipal sobre todo, rémoras y lastres de la corrupción del pasado muy llamativas; ha hecho unas listas electorales a su medida, porque tenía el mandato y la legitimidad para ello; y ha "reseteado" el discurso político e ideológico del partido que Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría arrojaron al baúl de las conveniencias y los complejos de la tecnocracia, y que ha campado a sus anchas en el cuartel general de la gaviota en las últimas décadas. "Yo he sido borrado de Génova": la frase, según las malas lenguas, es atribuida al mismo Rajoy, que ha guardado silencio desde su expulsión del poder. Pero únicamente hacia fuera.

Pablo Casado ha tratado de superar la división interna que provocó su llegada a los mandos del PP. De entrada, hizo un esfuerzo para contar con algunos de sus detractores y hasta logró cierto sosiego interno. La salida del PSOE de la Junta de Andalucía, con casi cuatro décadas de hegemonía a sus espaldas, inyectó oxígeno a la cúpula de su partido. Tanto como para que el joven líder popular esté convencido de que va a convertirse, a partir del domingo, en el nuevo inquilino de La Moncloa, lo que le ayudaría a intentar reunificar en torno a sí todo el centro y la derecha.

Casado está seguro de que será el próximo presidente, y que eso le ayudará a reunificar el centro derecha

Sin embargo, para algunos -los de la derecha "templada"-, Casado ha ido demasiado lejos para tratar de frenar la sangría de votos fugados al partido de Santiago Abascal. Para otros, sin embargo -los liberales más académicos-, se ha quedado muy corto. No es sencillo acertar cuando te comen el terreno electoral por los dos costados.

Las urnas del 28-A juzgarán si la estrategia de Casado ha sido un acierto. Darán y quitarán razones. Hasta entonces, el líder del PP sigue siendo un dirigente preparado, avalado desde abajo como nunca antes nadie en su partido... pero, también como nunca nadie antes, atrapado en el epicentro de la tormenta perfecta que vive el centro derecha español.

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