07 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Ingreso Mínimo Vital es una derrota para una España al borde de la ruina

Es una parche necesario para una emergencia, pero no una solución estructural: presentarlo como una victoria cuando es una gran derrota solo tiene un fin propagandístico.

 

 

La aprobación sin votos en contra del Ingreso Mínimo Vital (solo VOX se abstuvo), refleja dos cosas relevantes: la improcedencia del mensaje del Gobierno contra la oposición y su negativa a consensuar nada, por un lado.

Y por otro, las dificultades económicas que ya hay en España y que se percibirán, con toda su intensidad, a la vuelta del verano: sobre esto, preocupa mucho que el Gobierno no haya mostrado grandes ideas para recuperar empleo y limite casi toda su acción a cuestiones asistenciales.

Necesitar un Ingreso Mínimo Vital debe ser percibido como un fracaso y no como un éxito. No debería celebrarse nada: en una economía sana, nadie necesitaría una ayuda económica para sobrevivir, que nunca será suficiente para progresar y además ahondará la debilidad de las cuentas públicas.

 

 

La OCDE publicó ayer sus previsiones económicas para todos los países desarrollados y las de España son espantosas. Unidas a las del Banco de España, el FMI o la Unión Europea, sale un cuadro demoledor: la mayor caída del PIB del mundo, con hasta un 14% en el peor escenario de rebrote; un paro cercano al 24% y una deuda y déficit públicos desbocados e insostenibles.

El IMV, que ya existía con otro nombre y en realidad complemente subsidios similares existentes desde hace décadas en las 17 Comunidades y las dos ciudades autónomas de España, es un parche necesario para la emergencia que padecen muchas familias. Pero nunca una solución estructural.

Pablo Iglesias, que ayer no se resistió a intervenir en el Congreso en este asunto pese a que el responsable real, el ministro de Seguridad Social José Luis Escrivá, ya lo había hecho; ha querido presentar esta medida como una gran victoria. Pero en realidad es una derrota de un país cuyo futuro no puede depender de que la gente reciba unos euros del Estado. Así no vamos a ningún lado.

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