26 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Iglesias busca amedrentar a los jueces con Junqueras para que le "perdonen" a él

Pablo Iglesias, en Moncloa

Pablo Iglesias, en Moncloa

Los ataques de Podemos a la Justicia no quieren auxiliar solo a ERC. Buscan algo más, y tiene que ver con los graves problemas judiciales del vicepresidente.

Pablo Iglesias aprecia más a Oriol Junqueras de lo que ERC aprecia a Podemos. Hubo un tiempo en que los dos se veían hermanados en Madrid y Barcelona para gobernar en Moncloa y en la Generalitat con el PSOE, pero esa etapa se ha enfriado, al menos en Cataluña: allí la marca populista está en caída, y ni Ada Colau es capaz de remontar el despeñamiento. ERC necesita a Podemos menos que Podemos a ERC en Madrid. Y ambos lo saben.

Por eso la salida en tromba de Pablo Iglesias esta semana a atacar a la Justicia por suspender el régimen de "semilibertad" concedido por la Generalitat a cuatro de "sus" presos, atiende a factores que van más allá del conflicto en sí.

Descartados los "indultos directos", que retratarían a Pedro Sánchez y no quieren ni en pintura los reos del procés, convencidos de que pueden lograrlo por otra vía; el respaldo público de Iglesias a Junqueras y compañía se explica por otra razón, tal y como reconocen a ESdiario fuentes políticas y jurídicas.

 

"Lanzar un mensaje al Tribunal Supremo". Ése es el objetivo, que el juez Marchena y sus compañeros, cada vez más aislados por un CGPJ "en funciones", los fiscales presionados por Dolores Delgado y la Abogacía del Estado a las órdenes del Gobierno; se achante en los casos que tocan de lleno a Iglesias y a Montero: desde su financiación, un problema recurrente, hasta el caso de Dina Bousselham.

Solo ante el peligro

Ambos, si prosperan, acabarán en el Supremo. Que es donde también reside la última palabra sobre el futuro penitenciario de los nueve condenados auxiliados ahora por la Generalitat y por el propio Gobierno de España, que ha hecho todo lo posible por quitarles obstáculos y que su liberación parezca una especie de casualidad.

"Iglesias no habla para Junqueras, habla para el juez Marchena. Es una sutil advertencia del poder ejecutivo, o una parte de él, al poder judicial", explican las mismas fuentes. Gabriel Rufián se refirió a la Justicia española como eso que"huele a toga rancia", pero no tiene doble juego alguno: piensa eso de verdad, como toda ERC.

El líder de Podemos y vicepresidente segundo, sin embargo, sabe que la decisión suspensoria del tercer grado procede de un juzgado local de Barcelona y es inevitable: en casos así, se llame Junqueras el preso o sea un delincuente anónimo, un recurso de la fiscalía a la concesión del tercer grado lo suspende provisionalmente de manera automática.

"No hay margen de maniobra, el juez no prejuzga nada, simplemente aplica el protocolo legal en vigor", añaden. Que pese a eso Pablo Iglesias haya saltado como un resorte, obedece al miedo que tiene metido en el cuerpo por sus problemas judiciales. La resistencia del juez Marchena, el mismo que condenó a los acusados del procés, vuelve a resultar clave. Pero, ahora sí, está solo ante el peligro.

Le han enviado un recado en la semana de la "Caja B" de Podemos, denunciada por alguien de dentro, un caso que resucita todas las leyendas sobre el origen de la financiación del partido. Y el magistrado, ducho en presiones e indirectas, sin duda habrá tomado nota.

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