30 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Gobierno engaña a los ciudadanos con los test y con la mortalidad real

Las mismas trampas utilizadas para esconder la terrible mortandad española, la más alta del mundo, se recuperan ahora para vender una falsa imagen de eficacia con los test.

 

 

En un país en el que ni los propios sanitarios han sido protegidos a tiempo y convenientemente, lo que explica el inaceptable récord mundial de contagios de médicos y enfermeros; que el Gobierno presuma de que España es uno de los países donde más de test se realizan a la población, resulta de una desfachatez con pocos precedentes.

No se hicieron cuando se debía, como no se adoptaron las medidas mínimas de contención que otros países ya aplicaban con éxito y se facilitó un contagio masivo con estragos sin parangón en el mundo.

Y ahora que se hacen, se está más pendiente de poder vender una cifra abultada, indiciaria de la supuesta eficacia del Gobierno, que de hacerlos útiles para detectar la dimensión de los focos y tener más fácil el aislamiento.

Así lo hizo el Ministerio de Sanidad, vanagloriándose de que España está a la cabeza del mundo en test hechos, según un informe de la OCDE cuyos datos procedían del propio Gobierno: es decir, de Pedro Sánchez.

 

 

El bochorno y la trampa fueron de tal magnitud que la propia Moncloa tuvo que matizarse a sí misma, reconociendo unas cifras infladas al sumar estadísticas que ningún otro país utiliza: todos ellos, en cambio, sí monitorizan este relevante baremo a diario, con información oficial, y desde el comienzo de la pandemia, en una clasificación en la que España ni ha aparecido durante semanas.

El objetivo está muy claro, en todo caso. Implantar en la opinión pública un relato benévolo para Sánchez de una crisis que ha gestionado con formidable torpeza, infinito retraso y, tal vez, flagrante negligencia. Para ello primero se maquilla la mortandad real, comparándola con la media de Europa para esconder que es la más desproporcionada del mundo.

Datos falsos

Y a continuación se esgrimen datos falsos, fabricados por el propio Gobierno, para simular una respuesta sanitaria rápida y eficaz. Como si los 23.000 muertos, cien veces que en Corea por ejemplo, pudieran esconderse. O como si la ciudadanía no fuera consciente de que lleva confinada mes y medio o yendo a trabajar sin mascarillas ni test de ningún tipo.

Que esa manipulación tan escandalosa se pretenda imponer como verdad oficial no solo es un objetivo inviable, sino también un reflejo de las prioridades y escrúpulos de un Gobierno que primero reaccionó tarde, pese a los avisos internacionales, y después ha agravado el inmenso problema sanitario, económico y social al centrarse más en su supervivencia que en la de los ciudadanos y el país entero. 

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