¿Cambio de ciclo en Turquía?

El bolsillo puede no avivar las inteligencias, pero sí convertir en más pragmático al votante. El modelo de crecimiento artificial instaurado por Erdogan no puede durar eternamente

Las elecciones locales turcas celebradas el pasado fin de semana han dado lugar, por primera vez en un cuarto de siglo de predominio incontestable del AKP de Erdogan, a vislumbrar un futuro en que ya no gobiernen los islamistas, toda vez que existe un viejo adagio turco que reza: "Quien gana en Estambul, gana en Turquía". Dado su peso específico con cerca de 20 millones de habitantes, no anda desencaminado

Los resultados, considerados en su conjunto, arrojan todavía un considerable voto favorable al AKP, que reúne en torno al 44% del total. Esto no hace desmerecer en absoluto el 30% que obtiene el CHP, fundado por Atatürk, que además se impone en dos ciudades claves, Ankara y Estambul, además de sus tradicionales bastiones de la costa del Mar Egeo, y el 7,45% de su aliado, el IYI Parti. El nacionalista MHP y el kurdo HDP mantienen sus respectivas áreas de influencia.

La victoria de la oposición obedece a diversas causas íntimamente entrelazadas y que han tenido como catalizador final la crisis económica y la patente inutilidad del actual gobierno turco para hacerle frente. El bolsillo puede no avivar las inteligencias, pero sí convertir en más pragmático al votante.

Tras el golpe de Estado de julio de 2015, se ha reprimido todo lo que recordara lejanamente a gülenista; represión que se ha extendido sin hacer distingos a cualquiera que pretendiera hacer críticas al gobierno de Erdogan, al sistema educativo, el poder judicial, cuya independencia ha dejado en entredicho el ejecutivo, purga a purga, y especialmente los medios de comunicación menos proclives al gobierno.

Nada ayuda mejor a la represión que contar con un sector público de gran tamaño e influencia, que facilita crear una amplia red clientelar y mantener con puño de hierro controlados a amigos y enemigos.

De modo colateral, aquel que es despedido y marcado como gülenista en el sector público, lo tiene complicado para encontrar trabajo incluso en el sector privado, que puede depender directa o indirectamente de contratas estatales.

Aunque ya comenzaba a notarse desde hace tiempo una pérdida de popularidad del gobierno capitaneado por Erdogan debido tanto a la represión como a casos de corrupción, ha tenido que ser la economía la que demuestre más a las claras a su propio electorado que se encaminan al desastre si algo no cambia. El modelo de crecimiento artificial instaurado por Erdogan no puede durar eternamente.

Ahora que la oposición, liderada por el CHP, ha llegado de nuevo al gobierno en capitales importantes, es muy probable que comiencen a aparecer casos de irregularidades que desgasten aún más la imagen del AKP. Pero no hayque confiar únicamente en los errores del contrario.

El CHP debe demostrar, a través de una buena gestión e integridad intachable, que es digno candidato a disputarle la presidencia dentro de cuatro años a Erdogan.

2023 es una fecha simbólica clave, pues se cumplen cien años de la proclamación de la República por Atatürk. De los acontecimientos en los próximos años depende que los turcos avancen en el sueño kemalista de una Turquía moderna, con sitio para todos e igualdad entre hombres y mujeres, o volver hacia atrás, camino del sueño otomano perseguido por Erdogan.

 *Abogado y politólogo

 

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