01 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez ignora a 22.000 muertos de Covid pero lamenta el suicidio de un etarra

Pedro Sánchez, este martes en el Senado

Pedro Sánchez, este martes en el Senado

La dependencia del PSOE de Bildu provoca una humillante escena en el Senado que constituye un desprecio sin precedentes a las víctimas del terrorismo y del coronavirus.

 

El presidente del Gobierno hizo este martes en el Senado algo sin precedentes, especialmente inoportuno y desde luego indecente: trasladas en sede institucional una especie de pésame público a Bildu por la muerte de un etarra, que dijo lamentar "profundamente".

Hay que ver las imágenes y escuchar su intervención varias veces para creerse algo que, de no ser comprobado personalmente, resultaría difícilmente creíble: Pedro Sánchez comprando el discurso tradicional de los herederos de Batasuna, que convierten hasta el suicidio de un etarra en una acto opresivo del Estado, para a continuación solidarizarse con sus padrinos.

Igor González Sola, miembro del comando Amaiur, se suicidó voluntariamente en su celda de la prisión vasca a la que había sido trasladado, como otros 60 terroristas desde que el nuevo Gobierno tomara posesión. Y si bien nunca hay que alegrarse de ninguna muerte, solo algunas merecen un reconocimiento público e institucional del presidente en un lugar tan sagrado como el Senado.

 

Y la de un etarra no está entre ellas, pues además de la insoportable ofensa que supone para las víctimas de terrorismo, supone un blanqueamiento de las causas que defendió con bombas y pistolas, un ninguneo del dolor que provocó y una legitimación de los discursos que convierten ese historial en una hazaña.

 

 

Sánchez no solo tuvo un detalle con un canalla condenado a 20 años por distintos delitos que formaba parte de la misma banda que asesinó a 850 personas, hirió a miles y provocó el exilio de decenas de miles. Además adecentó a Bildu, que es la clave de su impúdica intervención.

Porque con Bildu llegó a La Moncloa en la moción de censura, se mantuvo en ella en la investidura, gobierna en Navarra y pacta hasta la derogación de la reforma laboral. Y que para lograr o mantener todo ello esté dispuesto a homenajear a un etarra, lo dice todo de su catadura moral.

En cualquier contexto, sin duda. Pero especialmente en uno en el que su Gobierno ni siquiera es capaz de reconocer a 22.000 muertos por coronavirus a los que, aún hoy, esconde de las estadísticas oficiales.

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