Valencianos de alegría (paisaje de antes y después de la fiesta)

Una imágen de la procesión cívica del pasado 9 d'octubre

Una imágen de la procesión cívica del pasado 9 d'octubre

A la memoria de Vicente Palmer

“Valencianos de alegría”, así nos definió Miguel Hernández, y así es, y así somos.

Aquí en esta tierra las personas estamos vivas, vamos de aquí para allá, hablamos, cantamos, nos encantan los chascarrillos y nos reímos de lo divino y de lo humano.

Gentes de trabajo, de fiesta, de aire, de la luz mediterránea. Unos vivimos junto al mar de riqueza, los otros en la montaña de pobreza, unos hablan una lengua, otros otra, y tantos otros hablamos las dos y todos nos entendemos.

Somos personas normales, ni iguales ni distintos a los de otras tierras, tampoco somos mejores, pero no peores. Nos aceptamos a nosotros mismos y a los de fuera, no sin mucha sorna por en medio.

Porque aquí han convivido durante siglos civilizaciones diferentes y todos han dejado su rastro. Todo ha contribuido a hacer de esta una tierra amable y de coexistencia.

Tierra de emprendimiento individualista, de exportadores, de artistas, músicos, de escritores, de gentes ilustradas y de otras que no lo son tanto, de trabajadores del campo, de regadío y de secano.

Que maravilla!. La diversidad aquí presente: la de siempre, la de Alicante, de Castellón y Valencia, sin reticencias: “Llamamos y queremos que se llame Reino de Valencia a las tierras que van desde Ulldecona hasta Biar y terminan en Requena, que constituye el término de Castilla” decía Jaume I, esa diversidad que nos hizo fuertes, fuertes para progresar, para reconocernos entre nosotros en una Europa plural y en una España de todos, en un espacio de libertad

Nuestra fiesta, el día nueve de octubre, día de los valencianos, siempre fue festiva, día de vernos, de encontrarnos y de abrazarnos (cuan distinto el abrazo de reconciliación de Genovés abriendo un mundo nuevo de esas propuestas trasnochadas de realismo político y de discordia exhibidas recientemente por el poder constituido).

La fiesta de los principios y valores que nos definen, y que son compartidos por las personas de las tierras que nos rodean y estructuran en esa unidad a la que otro poeta cercano, dio en llamar “la pell de brau”.

Nuestra singularidad, ciertamente, está arraigada en una serie de creencias, sentimientos, formas de vivir y entender la vida, sintiéndonos parte la civilización occidental.

Hoy, nuestro presente, pasa por el trabajo eficaz, por promover la colaboración, por mejorar nuestras instituciones y por el reconocimiento del valor de la persona como ente cívico con absoluto respeto a su pensamiento, sea cual sea su edad, sexo y condición social. En suma: defensa de la libertad nuestra de siempre, unida a la tolerancia.

Y la voluntad de compartir con el mundo aquello que nos hace ser personas.

Que nadie se atreva, pues, a romper nuestra diversidad, que no nos impongan un pensamiento único ni un sentimiento de ruptura con lo que siempre hemos sido: parte indisociable de una cultura universal, la española. Que no traten de excluir a ninguna de nuestras lenguas, ni cambiar nuestra manera de vivir.

Hoy aparecen signos preocupantes de exclusión, alentados por el poder político a través de la lengua, del adoctrinamiento y de la tergiversación de nuestro pasado, vientos del norte que provocan disensión y que pretenden enfrentarnos con nosotros mismos. Ese poder que tuvo que sitiar la ciudad de Valencia el pasado nou d´octubre de forma vergonzante, como si de una guerra se tratase, para poder garantizar un orden ante la presión de gentes de dentro y otras tantas venidas de fuera, que pretendían tomar la calle para dividirnos y hacer un borrón en nuestra mejor fiesta.

Hoy la Comunidad Valenciana es la Comunidad de las ciudades, cada una con personalidad propia, capacidad de emprendimiento y todas dentro de la Comunidad Valenciana, de España y de Europa. Somos herederos de una cultura, de unas tradiciones que vienen de atrás y hoy nos acompañan. Cuando Jaume I construye el reino de Valencia otorga el poder a las ciudades bajo su jurisdicción; nada que ver con otros reinos en los que él mismo, estaba sometido al poder de la nobleza.

Si algo nos caracteriza es y ha sido siempre, la aceptación de la diversidad, de la diversidad de culturas, de formas de expresarnos y de vida, el respeto por nuestra idiosincrasia y por ello, el cariño y consideración hacia lo que fueron y lo que hicieron nuestros antepasados.

Fernando Mut, es presidente de Societat Civil Valenciana

 

 

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