17 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Rajoy, el táctico: teje una red de seguridad anti-Rivera

Quienes le escuchan tragan saliva. El presidente del Gobierno cree amarrado el pedestal del Poder. La actividad en cocinas y despachos monclovitas es total.

Mariano Rajoy se muestra confiado. O eso quiere aparentar. Sea parte de su estrategia o no, quienes se sientan alrededor del Presidente en ese sanedrín denominado Comité de Dirección del PP hablan de su seguridad en la remontada y aseguran estar en condiciones de dar con éxito la batalla del 20-D. "Os garantizo 150 escaños y haré todo lo que esté en mi mano para que así sea". El mensaje a puerta cerrada de Rajoy no terminó de calar en los suyos.

Que el Partido Popular sume mayoría sigue siendo lo más probable, pero se ha puesto más difícil de lo previsto pronosticar un resultado. Lejos del apocalipsis que todas las encuestas destilaban hace un año para los partidos tradicionales, al menos los populares están acreditando su resistencia. Ahora bien, la reconfiguración del tablero es una constante. Los bandazos en el electorado definen el momento político. Todo está revuelto. Nada es seguro.

Mariano Rajoy, sin embargo, gusta mirarse en el espejo de José María Aznar en las generales de 1996. Entonces, apenas una diferencia de 1,16 puntos y 290.328 votos dieron al PP una ventaja de 15 escaños sobre el PSOE. Con el paso de las hojas del calendario, el jefe del Ejecutivo, asesorado por la bola mágica del "brujo" Pedro Arriola, ha hecho una operación matemática que tiene mucho que ver con el laberíntico reparto de una ley d´ Hont cuyas barreras, en esta ocasión más que nunca, pueden servir para decidir el inquilino de La Moncloa.

El truco está en los restos, los diputados que no llegan a conseguir los partidos que rozan el porcentaje mínimo para alcanzar representación pero no llegan, en cada circunscripción. En nuestro sistema electoral los terceros y cuartos no rascan bola y ello beneficia a la formación mayoritaria, aun cuando sufra significativas pérdidas de sufragios. Siempre suma los escaños bailables. ¿Ocurrirá a los populares? Les bastaría si sus directos rivales se quedan muy lejos.

Esa presunta fotografía del futuro es una ficción pero sostenible sobre el papel hasta la noche electoral. Al objeto de fraguarla, Rajoy ha resuelto agrupar en torno a su candidatura a fuerzas regionalistas en cuatro comunidades. En Navarra lo hace con UPN, en Aragón con el PAR, en Asturias con FAC – la escisión de Francisco Álvarez-Cascos – y en Canarias con AMF. Las alianzas forman parte de esa estrategia destinada a concentrar cada voto del centro derecha.

El dique de contención marianista se completa, de cara ya a la próxima Legislatura, con unas fluidas relaciones entre bambalinas del Gabinete central con el PNV de Iñigo Urkullu. Los contactos, con coincidencias concretas sobre todo en materia económica, han sido ensalzados en almuerzos privados por Soraya Sáenz de Santamaría. Habrá que esperar para ver qué clase de tratos establecen tras las elecciones porque, al final, la suma de todas las cuentas se acaba llamando España.

Todo suma, en cualquier caso, también para tratar de evitar a Mariano Rajoy complicaciones tales como la de quedar atrapado bajo condiciones severas en una "bisagra" de Ciudadanos. El presidente del Gobierno lleva décadas en la primera línea de la política. Sólo después del 20-D, Albert Rivera empezará a conocerlo, tanto en lo bueno como en lo malo.

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