20 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La hora de no cambiar la hora

La UE se ha comprometido a estudiar si se deben seguir adelantando y retrasando los relojes en marzo y octubre, una medida que se remonta a los años 70 en aras del ahorro energético.

Cuestionarse si es necesario o no el cambio de hora, como sucede este fin de semana para ajustarse al horario de verano, está empezando a dejar de ser un recurrente debate en la calle. Incluso comienza a exceder el terreno de la histórica reclamación de asociaciones sociales y especialistas cientificos, que estiman que sería el primer avance importante para disponer de horarios más racionales en nuestro país y ajustarlos al ritmo natural de la hora solar.  Los grandes partidos políticos en España ya aludían a ello en sus últimos programas electorales y, además, la Unión Europea se ha comprometido a estudiar en serio si ha llegado de verdad la hora de no cambiar de hora.

Hace unas semanas, el parlamento europeo aprobó una moción que insta a realizar una evaluación sobre si Europa debería o no continuar cambiando la hora en marzo y octubre, tras la petición de Finlandia de suprimir esta medida.

Desde hace un cuarto de siglos, la legislación de la UE está coordinando el cambio de hora, estableciendo que los ciudadanos de los 28 países adelanten las manecillas de sus relojes el último domingo de marzo para adaptarse al horario de verano y atrasen el último domingo de octubre para ajustarlo al horario de invierno.

El cambio de hora se remonta a la década de los 70, con la primera crisis del petróleo, cuando algunos países decidieron adelantar el reloj para aprovechar mejor la luz natural

Finlandia, cuya capital, Helsinki, es la que más al norte se encuentra del bloque, formuló el pasado mes de enero una solicitud a la UE para la eliminación los cambios de hora, promovida por una petición pública que consiguió más de 70.000 firmas.

Deterioro de la salud y del rendimiento en el trabajo

Los críticos del sistema alegan que el cambio de hora puede causar problemas de salud a largo plazo, especialmente entre los niños pequeños y la población anciana. Y existen investigaciones que han mostrado cómo el cambio de hora perturba los horarios de sueño y que puede impactar la productividad en el trabajo.

Por el contrario, aquellos que apoyan el cambio de hora dicen que una hora extra de luz por la mañana en el invierno y una hora más de luz por la tarde en el verano puede ayudar a reducir los accidentes de tráfico y ahorrar luz.

La moción aprobada por el Parlamento Europeo insta a la Comisión Europea a estudiar los efectos de los cambios de hora y, si es necesario, idear un plan para revisar este hábito. Fuera de la UE, un puñado de países europeos han dejado de hacer los cambios de hora de verano e invierno, incluyendo Rusia, Turquía, Bielorrusia e Islandia.

Una hora que se alarga desde 1940

En 1940, cuando nuestros relojes marcaban la misma hora que en Gran Bretaña y Portugal, el régimen franquista mandó adelantar sesenta minutos para acompañar a otros países europeos continentales, en plena Segunda Guerra Mundial. Se anunció entonces que iba a ser una medida provisional. Pero acabada la contienda, se mantuvo el cambio de hora.

Partidos como PP, PSOE y Ciudadanos defendieron en sus últimos programas electorales volver a dejar los relojes en su sitio en favor de la conciliación. El mismo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, propuso que la jornada laboral con carácter general finalice a las 18 horas y cambiar el uso horario para que la Península tenga el mismo que Canarias, Portugal o Reino Unido. Pero más allá de la campaña electoral y de alguna alusión de pasada por parte de la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, nada se ha concretado.

Y en esas nos llega un nuevo cambio de hora, que hasta que la UE no estipule lo contrario forma parte de la Directiva Europea que afecta a todos los Estados miembros con el objetivo de aprovechar mejor la luz solar por la tarde. Por tanto, el cambio es obligatorio y siempre se produce en las mismas fechas y horas en el conjunto de la UE, de modo que no existe la posibilidad de que un Estado miembro no aplique este cambio de hora.

La Comisión Europea asegura que la medida tiene impactos positivos en el ahorro energético, en los sectores de transporte, comunicaciones, seguridad vial, condiciones de trabajo, modos de vida, salud, turismo o el ocio.

Por la crisis del petróleo

El cambio de hora se remonta a la década de los 70, con la primera crisis del petróleo, cuando algunos países decidieron adelantar el reloj para aprovechar mejor la luz natural del sol y consumir menos electricidad en iluminación. Desde 1981 se aplica como directiva que se renovaba cada cuatro años hasta la aprobación de la Novena Directiva, del Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión, en enero de 2001, que establece el cambio con carácter indefinido. En España, la Directiva se incorporó al ordenamiento jurídico nacional mediante el Real Decreto 236/2002 de 1 de marzo.

 

 

Según estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, el potencial de ahorro en iluminación en España podría representar en torno al 5 por ciento del consumo eléctrico en iluminación, que equivale a unos 300 millones de euros.

De estos, unos 90 millones corresponden al potencial de los hogares españoles, ya que a cada uno se le supone un ahorro de seis euros, mientras que los otros 210 millones restantes se deben al ahorro en edificios del terciario y en la industria.

Sin embargo, para llegar a este ahorro se debe realizar un comportamiento responsable en el hogar a la hora de prescindir de la iluminación artificial cuando no es necesaria, así como utilizar tecnologías de ahorro en iluminación por aprovechamiento de la luz natural en edificios del terciario y en industrias. O sea, que se trata solo de una aspiración de ahorro.

 

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