19 de enero de 2021
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Real Madrid 4 – 1 Huesca: Cuatro intrascendencias

En un encuentro completamente insulso, el Real Madrid se ha impuesto, 4-1, al Huesca con dos goles de Benzema, uno de Valverde y un buen tanto inaugural de Hazard.

El Real Madrid se ha acostumbrado a la intrascendencia, y se ventiló (4-1) al Huesca en un partido con absolutamente ninguna historia. Si en vez de al fútbol el resultado se hubiera decidido al cinquillo la emoción habría sido la misma. Partido sin ritmo, con el Madrid enseñando de nuevo su trotecillo ofensivo y su poco espíritu defensivo.

El Huesca fue algo cinco minutos y luego decidió dimitir. Dos goles y una asistencia de Benzema, otro de Hazard (el segundo del hombre de los al menos 100 millones de euros) y uno más de Valverde, en una jugada de solteros contra casados.

Sentarse a ver al Real Madrid, sea Liga o Champions, se ha convertido en algo tan vulgar como sacudir las sábanas de la cama antes de hacerla. Sabes que lo tienes que hacer y lo haces, pero no te emociona lo más mínimo. Ya he contado en numerosas ocasiones que a este equipo le falta alma, y ni francoparlantes-excluye-brasileños ni chavalines a los que le quedan un par de temporadas en la olla rápida para terminar de hacerse se les atisba por debajo del refajo algo de eso. Alma. Un intangible que lleva el reALMAdrid en su nombre pero que ha perdido por el camino aunque a veces (léase Mönchengladbach) va tan adherido al ADN de la entidad que tiene que asomar la patita.

Sin alma, los partidos son algo así como una carrera de caracoles. Alguno va a ganar, y los de Zidane de vez en cuando lo hacen: no lo hicieron con el Shakhtar o el Cádiz, rivales que tampoco es que sean mejores que el Huesca, pero es que es lo que hay. Esperar un fogonazo. A veces es a favor y otras, en contra. Y del lado que caiga la moneda acaba decidiéndose el partido.

Sobre el césped del Di Stéfano no paso nada, salvo un gol anulado a Rafa Mir (quien dejó muy buenos detalles) por un fuera de juego de Cuenca a Albacete, hasta que Hazard pegó un mangurrinazo desde 25 metros. Muy potente, y con efecto abriéndose hacia el palo. Pero no era un disparo ajustado. Andrés Fernández, casi inédito hasta entonces, no se la esperaba y le cogió mal colocado. Así que era el 1-0, casi al borde del descanso. Lo más notable del Real Madrid hasta ese zurriagazo de Hazard fue… Es imposible decir nada positivo de un equipo con encefalograma plano, que ataca en estático y que defiende con la mirada.

 

 

Curiosamente, el gol de Hazard provocó que el Madrid desentumeciera los músculos, como cuando Rocky Balboa coronó las escaleras frontales del Museo de Arte de Filadelfia, y Benzema fue capaz de poner el segundo tras centro de Lucas Vázquez y quizás ayudándose en el control con la mano antes de pasar por vestuarios, apenas cinco minutos después. Y a la vuelta del descanso, casi sin tiempo para nada más, Valverde fusiló como en un partidillo de entrenamiento el 3-0 a pase de Karim, cero tensión por parte de los dos equipos.

 

 

El partido estaba tan resuelto que Zidane se gustó y metió a Vinicius para que se intercambiara unos pases con el francés y así se acallase el ruido intersemanal. Marcó el Huesca porque el Madrid decidió que eso de caminar era muy cansado y directamente se echó a sestear, pero según se levantaba el cartelón de la prolongación del segundo acto Benzema acertó a marcar el cuarto. Cuatro goles, pero intrascendentes. El apellido de este Real Madrid, que no pasará a la historia absolutamente por nada, porque no tiene nada.

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