24 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Si Cospedal tiene que dimitir, la ministra de Justicia ha de hacerlo antes

 

 

Dolores de Cospedal ha abandonado la dirección del PP, tras conocerse otro nuevo audio en compañía de Villarejo ciertamente poco edificante en el que, en resumen, le sugería investigar las debilidades personales del hermano de un rival político de la talla de Rubalcaba: algo bastante menos defendible que otras conversaciones anteriores en las que, por mucho escándalo que se quisiera crear, podía sostenerse que entre las obligaciones de un dirigente de alto rango está enterarse de todo lo que sucede en su organización.

Unos y otros debieran preguntarse cómo es posible que un sujeto tan lamentable como Villarejo tuviera tan buenos contactos y trabajara con ambos partidos de algún modo

Y especialmente en lo referente a Luis Bárcenas, con y sin la compañía de Javier Arenas, pues si alguien tiene autoridad en el PP para hablar de su lucha contra la corrupción y las mafias internas es quien se opuso a ellas, despidió a sus cabecillas, les llevó al juzgado y soportó una incesante presión. Ésa es la auténtica Cospedal, y no la caricatura "en diferido" que se hizo de ella.

Su salida del órgano ejecutivo de Pablo Casado es, probablemente, el primer paso hacia un adiós definitivo que dejaría al PP sin un gran activo, en una edad perfecta, a cambio de no minar al nuevo presidente: la charla con Villarejo ofende a los sentidos, y brinda una oportunidad para marcharse con dignidad aun con la sensación de que aquí ha habido una cacería.

La misma vara de medir

Pero si Cospedal termina dimitiendo de todos sus cargos, quienes han insistido en que ése era el único camino presentable han de mantenerlo para todos los casos. Y los hay bastante más escandalosos: la ministra de Justicia, Dolores Delgado, apareció en grabaciones del mismo personaje siniestro obviando un posible delito con menores de sus compañeros jueces y fiscales o riéndose al conocer la existencia de una red de extorsión con prostitutas comandada por Villarejo.

Si en el caso de Cospedal queda la duda de qué pensaba hacer con esa supuesta información -nada presentable, sin duda-, en el de Delgado existe la certeza de para qué la usaba Villarejo. ¿Puede ser responsable de la Justicia española quien, aparte de hacer comentarios homófobos contra el hoy ministro Marlaska, se divierte presenciando delitos o se calla ante la posible comisión de otros?

Si Cospedal deja todos sus cargos, Dolores Delgado tampoco puede seguir al frente de la Justicia española

Y tampoco es aceptable la postura del propio presidente Sánchez, quien intentó hace escasas semanas presentar los audios de Villarejo como un "chantaje al Estado" y ahora, cuando dañan a un rival cualificado, mira para otro lado solazado.

Unos y otros, finalmente, debieran preguntarse cómo es posible que un sujeto tan lamentable como Villarejo tuviera tan buenos contactos, trabajara con ambos partidos de algún modo e hiciera de su chabacana y miserable labor una forma de vida. Porque si es repulsivo ver condicionada ahora la vida de dos grandes partidos por las grabaciones de hace años de un preso que un día fue policía, no lo es menos que contaran con él en el pasado. De aquellos barros, estos lodos.

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