Desde el recuerdo al Balneario de la playa de las Arenas

Hoy cierro curso evocando aquellos veranos en la playa de las Arenas. La calle de la Reina, tenía otro sabor, pararse en la tienda de discos de Mataix, de camino hacía la playa.

Hoy cierro mi curso 2017-2018 en esdiariocv y quiero agradecer a mi buen amigo Héctor González, y al director de ESdiarioCVÁlvaro Errazu, que me han permitido conectar con ustedes cada dos semanas y glosar las fiestas y tradiciones que hemos vivido en la Valencia Marítima.

Acabo evocando aquellos veranos de mi infancia junto a Jorge mi hermano, cuando andando desde nuestra casa por la calle José Benlliure, por Mariano Cuber, en la esquina con Padre Luis Navarro, estaba el Bar Rafael, del abuelo de mis buenos amigos Josele Perelló y Pedro y Paloma Córcoles, cuanto los quiero, -aunque ahora no nos veamos- que buenos recuerdos, y es que en esa infancia, casi juvenil, y unos años después, iniciando el BUP, éramos inseparables junto con Javi Das.

La calle de la Reina, tenía otro sabor, pararse en la tienda de discos de Mataix, de camino hacía la playa, y comprobar los últimos éxitos de vinilo del momento; mi hermano decía, que sus hijas eran dos bombones, y la verdad es que eran unas niñas muy monas, aunque no me acuerdo de sus nombres. Como recuerdo nostálgico de aquellos veranos playeros voy a reproducir, una columna mia, el rompeolas del 18 de julio de 1991 en el añorado Diario del Martítimo , donde conocí a Hector, y sobre Las Arenas, hoy que ya no existe el Balneario, y tenemos un moderno y flamante Hotel por parte de la Cadena Santos. 

 

Las Arenas, toda una institución en el Marítimo

 

“ Las Arenas, lo que fuera en su día un importante balneario, hoy convertido en una playa con importantes zonas de recreo y esparcimiento, sigue siendo el lugar donde acuden muchos valencianos, unos, los fines de semana, desde la llegada de la primavera, y otros diariamente con la legada de los calores estivales.

El balneario fue inaugurado en 1888, y su primera denominación era Las Arenas-Baños de Ola. Corrían otros tiempos y los trajes de baño de la época no tenían ni punto de comparación con los bikinis y monokinis actuales.

Pero las Arenas no sólo era una playa donde tomar el sol y bañarse; las célebres veladas en la cancha, con baile y variedades, eran todo un acontecimiento; y no digamos de las noches de la Piscina, con un ambiente más selecto y con el mismísimo Antonio Machín, canturreando eso de “pintor que pintas con amor…”.

Y hablando de pintores, las tertulias de éstos y los músicos, las elecciones de mises, y los campeonatos de natación también estaban a la orden del día.

Yo no sé que tendrá las arenas, pero siempre ha tenido largas colas a la hora de entrar y sacar las preceptivas entradas, y es que mucha gente prefiere pagar pero disfrutar de unos servicios adicionales, sobre todo las mujeres que acuden al reservado para tomar el sol con total tranquilidad. No obstante, en los primeros años del top-less, los mirones se colocaban a lo largo de la valla con el fin de contemplar los encantos femeninos.

Otra de las grandes pesadillas de las Arenas ha sido siempre el gran número de “listillos”, que a través del mar intentaban colarse sin abonar la correspondiente entrada, siendo muchas veces sorprendidos por los vigilantes, con el consabido “a donde va usted, su entrada por favor”.

El barquero

Uno de los personajes más entrañables, que uno recuerda con cariño, de sus muchos años pasados junto a la brisa marina de este balneario, era el célebre barquero que con su alegría tan peculiar, chapurreaba aquello de “una, dos, y tres; una, dos, y tres; lo que nadie quiera “pa” el barquero es”.

Por último una llamada de atención a los responsables del Balneario, pues el estado actual de muchos de sus edificios dejan mucho que desear, y una rehabilitación a conciencia, e incluso una buena manita de pintura no vendría nada mal a la parte más vetusta de estas instalaciones”.

Cuanto disfrutamos en aquel balneario, en los futbolines, en las maquinitas, en el bar, en la piscina, en los pinitos, es que había divertimento para todas las edades. La Junta Mayor también organizó campeonatos de futbito en aquella cancha. Tantos niños, que se perdieron, al son de la música y luego eran anunciados por los altavoces de la radio que había allí. Mi hermano Jorge, al ritmo de un rayo de sol, fue uno de ellos, y mis tías Vicen, y en especial Pepa, unas enamoradas del lugar, desde la playa celestial donde ahora habitan con Dios Padre, ya se ríen al recordarlo.

Ya saben que les recomiendo escuchar a nuestro corazón, obrar el bien a los demás, y sentir estos lares marineros. Sean felices y nos vemos en la Valencia Marítima. Feliz verano a todos y si Dios quiere nos vemos el próximo curso 2018-2019 aquí donde tienen la información para decidir EsdiarioCV.

 

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