Tienda de campaña. Nosotros somos los preocupados

Los preocupados somos nosotros cuando nos enteramos que arroja cifras más altas el registro de mascotas que el censo de infantes.

Ignoro si durmió despreocupado el Sr. Junqueras el pasado martes -tal vez él mismo nos lo diga en video desde su cuenta de twiter. Ignoro si fue frase hecha, de cortesía o de trámite, si hueca o simbólica, si cínica o premonitoria. Ignoro si fue casual o programada, si provocadora o dialogante, si unilateral, pactada o consensuada.

Confieso que lo ignoro todo, lo que no es muy original en estos tiempos de generalización de la ignorancia. Y del dominio de lo falso, que abandonado su temblor característico, se petrifica en el short message de las redes sociales hasta alcanzar la categoría de certeza por exhaustiva, infinita, tediosa y eterna repetición.

Pero, como en el conocido chascarrillo del deudor honesto –el que, desvelado, despertó a su acreedor para informar del impago- el que durmió preocupado el martes pasado fui yo.

No ha habido cronista que no haya incluido la palabra “esperpento” en su relato. Lo puso a huevo el presidente de edad con su atuendo, lindamente flanqueado por cierto. Aunque también la señora presidenta, estrenando cargo, que no maneras, con su acreditada ambigüedad y equidistancia. Hasta llegar al bochorno de las formulación de traiciones e insultos vestidos de acatamiento extravagante. Y al vacío de elegancia y de inteligencia, de los que otrora simbolizaran dignidad y respeto.

En el meridiano de la segunda semana de campaña, a tres días de las urnas, mis esforzados candidatos municipales, y los no menos esforzados candidatos europeos, pelean por su espacio electoral, aunque sea anclándolo provisionalmente en las aceras y alejándose de la movilidad de Grezzi (el desaparecido). Con la permanente contraprogramación del aparato de agit-prop de Moncloa.

Disputan sentido común -el eslogan es de la popular- Giner y Catalá volviendo a las cosas de comer, al día a día, y al Cabanyal. Que es, cabe decirlo, como una enmienda a la totalidad de la legislatura que termina y dardo certero en punto sensible. Mientras, Ribó encomienda al transporte público su reelección, cuando nos conformaríamos con que lo enmendara, y Oliver, radicalizada, augura las viviendas que no ha sabido o no ha podido construir y -digo yo- ironiza con su traslación del Cabanyal a la ciudad toda.

Déjenme que les diga que me reconfortan las candidaturas de González Pons y Rodríguez Piñero a Europa. Y si me lo permiten, que en ellos reencuentro al PP y al PSOE que otros denuestan, tales cuáles. Los de la España de ejemplares traspasos de poder y rigurosos reemplazos de gobiernos. Sin amenazas. Y sin complejos.

Porque los preocupados somos nosotros cuando nos enteramos que arroja cifras más altas el registro de mascotas que el censo de infantes. Cuando sabemos que pagamos la factura de luz más cara de Europa. Hasta cuando hacemos el enésimo ridículo en Eurovisión. Bendita Massiel.

Preocupados con el ejemplo del médico francés, hoy en el banquillo, que provocaba paros cardíacos para poderlos revertir después. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

Preocupados con Venezuela.

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