07 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Hay que escuchar a las empresas: Iglesias solo es capaz de mejorar su empleo

Amancio Ortega

Amancio Ortega

La CEOE organiza una cumbre decisiva para que ese equipo que conforman las empresas y los trabajadores enmienden la desastrosa deriva económica de un Gobierno superado.

 

 

El tejido empresarial español ha dado una lección de implicación y solidaridad en esta pandemia. Idéntica a la de la sociedad, de la que forman parte por mucha caricatura ideológica que se haga para presentarle como un ente extraño y ajeno a la vida cotidiana de un país.

El empresario tipo español se juega su patrimonio, tiene plantillas pequeñas, no gana un dineral, paga muchos impuestos y, pese a eso, es el responsable del 80% de los ingresos fiscales de España y de más del 80% del empleo.

Con muy poca ayuda, bastante incomprensión y una imagen deformada por ese tipo de política mediocre que intenta separar al empresariado del trabajador en dos bandos cuando, en realidad, forman parte del mismo equipo.

Pues bien, nada refleja mejor la ruinosa situación de España, y de los negros nubarrones que se vislumbran en el horizonte; que la cumbre organizada por la CEOE con las empresas más grandes del país para buscar y proponer soluciones.

 

 

Nadie en su sano juicio discute que los Amancio Ortega, Pablo Isla, Juan Roig o Ana Botín saben mejor que los Pablo Iglesias, Yolanda Díaz o Alberto Garzón qué hacer en situaciones de emergencia sanitaria:  ningún Gobierno crea empleo ni riqueza, en el mejor de los casos se limita a no estropearlos, favoreciendo normativamente el esfuerzo, la imaginación y el riesgo de otros . Lo normal es que destruya ambos. 

Por eso hay que escuchar, atender y en la medida de lo posible aplicar los remedios que propongan, en un paisaje abrumador: desde el Banco de España hasta la Unión Europea, el FMI o el propio Gobierno, todos prevén un paro de entre el 20% y el 24% y una destrucción del PIB de entre el 10% y el 14%. Con una deuda y un déficit desbocados.

Esto sí merece un Estado de Alarma Económica. Si se imponen ahora los prejuicios ideológicos de quienes solo han sido capaces de mejorar sus propios puestos de trabajo y los de sus familias y amigos cercanos; el desastre será aún mayor y el rescate venidero de Europa se hará en unas condiciones y exigencias más adversas. Así de simple. 

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