18 de enero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El director de Telemadrid, presa de los nervios, protagoniza este espectáculo

A José Pablo López se le amontonan los escándalos económicos con una Telemadrid, además, hundida en audiencias. Y para animarse, protagoniza este bochorno y le sale el tiro por la culata.

 

 

Cuentan quienes le conocen bien que José Pablo López, director general de Telemadrid, está nervioso como nunca. La audiencia no sube, los problemas económicos se le amontonan, sus decisiones políticas empiezan a pasarle factura y los marrones/escándalos administrativos no cesan y van en aumento.

Tales son sus nervios que "obligó" al Consejo de Administración de la casa, un órgano venido a menos que se limita a seguirle donde él diga, a firmar una estrambótica nota en la que, lejos de aclarar las polémicas de la casa con la Seguridad Social o con la insólita ausencia de elecciones sindicales, achacaba sus males a una especie de conjura judeomasónica

El engendro escrito, que ha provocado una mezcla de vergüenza ajena e hilaridad, es el clímax de la agitación del tal JP, convencido de que el cesarismo es un derecho y de que solo se debe a sí mismo... y a sus amigos. Que no son pocos.

 

Mientras el bueno del director general aprende cuáles son las obligaciones y responsabilidades reales de un cargo público al frente de una empresa financiada por todos los madrileños, le cuentan a este Topo que necesita mimos y que procura concedérselos a sí mismo de una manera que, la verdad, produce estupor.

La escena fue así. Jueves pasado. Hall de Telemadrid. Copa de Navidad. La plantilla celebraba el ágape con ese tipo de hermandad habitual en estas fechas, sin presencia de López durante más de una hora. Hasta que, de repente, se dignó a aparecer

Y lo hizo como Madonna en "Material Girl", deslizándose por la pasarela que une la planta de entrada a Telemadrid con el subsótano destinado a exposiciones o eso tan típico de un "vino español". Para que se le viera llegar, en fin, y ocurriera lo que ocurrió. Agárrense.

JP se quiso dar un baño de multitudes y solo encontró el bochornoso aplauso de los que más se han beneficiado de su caprichosa gestión

Una "espontánea" reacción de "Vivas" y aplausos precedió a su llegada a la recepción, como si por allí apareciera el Mesías de la libertad de expresión, el Profeta del servicio público, el Mago de la televisión.

El bochorno

El problema es que solo lo pensaron y lo evidenciaron sus palmeros de siempre: los sindicalistas del Comité -esos que llevan más tiempo sin renovarse que el CGPJ, algunos miembros del Consejo de Administración más pastueño de la historia y, finalmente, los directivos por él nombrados.

Es decir, cuatro gatos. El resto, los periodistas y trabajadores de Telemadrid, ajenos a tanta capilla, se quedaron estupefactos por la patética perfomance del director y la ovina complacencia de su guardia pretoriana. No sabían dónde mirar ni dónde meterse para que no se notara el bochorno, agudo, que allí todos sintieron.

A ver si el mítico JP va a llamar "conspiración" también a un simple acto de resistencia cívica y pacífica a la vergüenza ajena. Que promete repetirse mucho en fechas venideras. Pronto sabrán por qué.

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