25 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Ni Arrimadas acierta con Sánchez ni Casado se equivoca oponiéndose a sus excesos

Pablo Casado, en Moncloa

Pablo Casado, en Moncloa

Oponerse a un Gobierno negligente con la pandemia, ruinoso con la economía y sectario con la política no es un derecho, es una obligación si Sánchez no renuncia a esa deriva.

 

 

Pablo Casado le tendió ayer la mano a Pedro Sánchez para alcanzar pactos de Estado, como ya hizo en una decena de ocasiones previas con pandemia y sin ella, y encontró la misma respuesta que el presidente adelantó ya este verano en un periódico italiano y ha aplicado a rajatabla ya desde tiempos de Rajoy: con el PP, ni agua.

Solo la inmensa propaganda que acompaña al actual presidente consigue que parezca lo contrario, cumplimentando desde sus terminales mediáticas la segunda parte de su estrategia: no solo se trata de no pactar nada con la oposición, sino además de hacerla culpable de ello.

Ocurrió en su día con Albert Rivera, a quien se presentó como culpable de arruinar un pacto de Gobierno que Sánchez nunca quiso ni ofreció; y vuelve a suceder ahora con Pablo Casado: todo lo que no sea una rendición incondicional es presentado como un acto de insolidaridad extremo en un momento difícil para España.

El drama existe, pero Sánchez no lo usa para tapar las trincheras y construir puentes imprescindibles para sacar adelante al país; sino que se sirve de él para prolongar una gestión sectaria que condena a la clandestinidad toda disidencia y le permite a él perpetrar los peores excesos en nombre del bien común.

 

 

Que Inés Arrimadas se haya prestado a ese sainete por mero cálculo electoral, en la creencia de que PP y VOX no le dejan espacio y ha de buscarlo en el ala moderada del votante socialista, es lamentable, por mucho que quiera presentarlo como un acto de lealtad al país: sin conocer los Presupuestos, sin haberse auditado la penosa gestión de la crisis sanitaria y sin haberse expresado una renuncia a la alianza con Podemos y el nacionalismo; que Ciudadanos perpetúe ese esquema no tiene un pase.

Bien Casado

Hace bien Pablo Casado en negarse en rotundo, por un lado, y en ofrecer alternativas, por otro. Resistirse a las presiones, que son inmensas y buscan blanquear a un Gobierno negligente y capaz de lo peor siempre, es una tarea esencial ahora del PP. E incumplirla sería negativo para el partido, pero además dramático para España.

No se puede apoyar, en fin, a un Gobierno que discute la Constitución, aísla a la Corona, interviene en la Justicia, asiste al nacionalismo, mantiene a un socio imputado y es récord europeo de letalidad por el virus y de hundimiento de su economía.

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