El tiempo todo lo cura

Un nuevo referéndum es lo que más temen los partidarios del Brexit, pues todo apunta a que no se repetiría la agónica victoria que dividió a la sociedad británica

No sé si el tiempo lo curará todo, como reza el viejo dicho popular, pero de lo que sí estoy seguro es de que obliga a replantearse muchas cosas cuando uno se da cuenta que la inflexibilidad puede dar al traste con un objetivo largamente perseguido.

Este es el caso de los euroescépticos británicos defensores del Brexit, quienes ven en la posibilidad ofrecida esta semana por Theresa May de aplazar la salida más allá del 29 de marzo como una maniobra dilatoria que postergará indefinidamente la salida de Reino Unido de la Unión Europea y que puede además suponer una futura victoria de los europeistas..

May intenta así convencer al sector duro de su partido de que no queda más remedio que apoyar el plan propuesto en la votación que se celebrará el 12 de marzo y que, a estas alturas, sigue sin estar demasiado claro que prospere. Reino Unido es sin duda un país singular, con lo que es factible esperarse cualquier cosa.

Pero existen más motivos por los que ahora estarían dispuestos a aceptar el plan para el Brexit negociado con la UE, que con tanta furia habían estado rechazando hasta ahora. La derrota de la propuesta laborista de un Brexit suave y consensuado, con permanencia en la Unión Aduanera, en el Mercado Interior y establecimiento de iguales derechos laborales para británicos y comunitarios, obligará a los laboristas a exigir abiertamente la celebración de un segundo referéndum.

Un nuevo referéndum es lo que más temen los partidarios del Brexit, pues todo apunta a que no se repetiría la agónica victoria que dividió a la sociedad británica y provocó una situación sin precedentes en la historia de la UE.

Ahora, aunque muchos antiguos defensores de la salida puedan seguir defendiéndola en sus corazones, a la vista de las consecuencias de las que ahora son conscientes, votarían por la permanencia o se abstendrían de votar; por su parte, ese sector del electorado europeísta que no votó la vez anterior, se movilizaría esta vez.

No todo está en manos del Reino Unido; Europa, mostrando ya un notable hartazgo ante los bandazos del gobierno británico, tiene mucho que añadir ante un eventual aplazamiento de la salida. Tanto Emmanuel Macron como Angela Merkel,si bien la Canciller alemana en términos menos duros que su homónimo francés, exigen de Theresa May una explicación de los objetivos del aplazamiento solicitado y ofrezca unas perspectivas claras.

Todos los países europeos están ya contemplando la posibilidad de un brexit duro y preparando planes de contingencia en consecuencia, con partidas especiales para la contratación de más personal aduanero y de control de fronteras. Sin embargo, el caos puede ser monumental en cualquier caso y los efectos para la economía de la zona euro, desastrosos.

Como convencido europeísta, en mi fuero interno deseo la permanencia, pues el conjunto ha demostrado ser, pese a todo, muy superior a la suma de las partes; lo único que encuentro, como todos, incapaz de soportar, es un proceso errático que avanza a bandazos.

Aclárense en Westminster.

 *Abogado y politólogo.

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