24 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Demonizar al rival

En apenas unos días de campaña electoral, la violencia contra PP, Cs y especialmente Vox se ha desatado en todos su actos en zonas dominadas por siglas a las que el PSOE no rechaza.

 

 

La número dos de Carles Puigdemont al Congreso, Laura Borrás, puso la guinda del descaro y expresó lo que otros demuestran también con su silencio. Para esta secesionista, el escrache a Cayetana Álvarez de Toledo en Barcelona por parte de ultras independentistas fue culpa de la candidata popular, por provocar con su presencia.

Algunos desean prescindir del adversario. Otra vuelta a la vieja superioridad intelectual de la izquierda: los fascistas y antidemócratas son los demás. Y estos, sean PP, Cs o Vox, merecen un cordón sanitario. Sobre todo Santiago Abascal, a quien se trata de arrojar a las tinieblas de los “apestados”. 

Acaba de arrancar la campaña y se acumulan signos preocupantes. Hace unos días, en Segovia, la líder madrileña de Vox, Rocío Monasterio, tuvo que refugiarse en un hotel, apedreada por “antisistemas”.

¿Qué concepto de respeto y de libertad tienen estos intolerantes, autodenominados “antifascistas”, que son, por cierto, correa de siglas a las que Pedro Sánchez no hace ascos

El jueves, en Oviedo, jóvenes que ofrecían información del partido “verde” tuvieron que levantar su mesa con protección policial, acorralados por “liberticidas”. Este sábado, en San Sebastián y Bilbao, turbas de la “izquierda abertzale” han zarandeado a asistentes a los actos de Abascal. Ayer domingo, en Rentería, Ciudadanos sufrió igualmente el mordisco de la serpiente. Se demoniza al rival, se le convierte en “enemigo”, para luego destruirlo.

Democracia devaluada

Condenar la violencia es deber democrático. Sin embargo, en esta campaña, cargada de emociones y sentimientos, algunos prefieren que ese principio se desvanezca. Tampoco hay acuerdo para deslegitimar a fanáticos que llaman “fascista” o agreden a compatriotas por defender la unidad de España y sus símbolos.

¿Qué concepto de respeto y de libertad tienen estos intolerantes, autodenominados “antifascistas”, que son, por cierto, correa de siglas a las que Pedro Sánchez no hace ascos? Ningún demócrata -para esto no hay colores- puede ser tibio cuando las lógicas diferencias electorales se zanjan violentamente. España no puede parecer una democracia devaluada.

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