23 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Albert Rivera se envalentona en Murcia y sube el precio de su apoyo al PP

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

C's ya ha exhibido la medalla de quitar de en medio a un presidente imputado y busca un camino de vuelta para no quemar todos los puentes con su socio de investidura. Pero gratis no.

A pesar del júbilo con el que la cúpula de C´s ha acogido el giro de los acontecimientos en Murcia, aun a riesgo de que pueda calentárseles el cava descorchado, Albert Rivera se encuentra de nuevo ante la necesidad de devolver la estabilidad institucional a la región.

El regocijo de aquellos que le piden “más caña” al PP exige condiciones en una mesa de renegociación. “De debido cumplimiento”. Sí, pero ¿cuáles? En la formación naranja se ha abierto el debate de hasta dónde se debe tensar la cuerda para no poner en riesgo que los populares sigan gobernando los dos años que restan de legislatura.

La mera idea de dar el paso en Murcia junto a los populistas de Podemos provocaba rechazo en una parte de los dirigentes nacionales de C's

Durante toda la crisis, el momento exacto en el que un cargo público estaba o no obligado a dar un paso atrás ha sido objeto de controversia con el PP. Sobre la mesa, claro, está decidir si para dar su apoyo al nuevo candidato, Fernando López Miras, buscan una redacción distinta del artículo 1 del acuerdo firmado en 2015 a medida de la situación del ahora expresidente Pedro Antonio Sánchez, o bien si intentan mantener aquella condición.

En concreto, ese punto establece lo siguiente: “Separar de inmediato de cualquier cargo, público o de partido, a imputados por corrupción política hasta la resolución completa del procedimiento judicial”. Los hay en la Ejecutiva naranja deseosos de recalcar esa posición, más aún cuando Pedro Antonio Sánchez renunció a la Presidencia probablemente convencido de su inocencia, pero también con cajas destempladas, involucrando a Ciudadanos en una suerte de conspiración tripartita junto a PSOE y Podemos para hacerse con el poder por la puerta de atrás.

Con todo, a toro pasado, C's niega que la moción de censura tuviese opciones de prosperar y que si flexibilizaron su postura hasta el punto de admitir la puesta en marcha de un “Gobierno técnico” con los socialistas fue sólo como treta para presionar al PP. Desde luego, la mera idea de dar el paso junto a los populistas de Podemos provocaba rechazo en una parte de los dirigentes nacionales naranjas. Aunque poco importa ya.

Ahora, el entorno a Rivera parece inclinado por un pacto más generalista. Incluso podría contemplar directamente la apertura del juicio oral como momento obligado de la dimisión, tal y como desea el PP, a cambio quizá de emprender una auditoría para abrir las ventanas de las instituciones murcianas.

Sea como fuere, C´s ya ha exhibido la medalla de quitar de en medio a un presidente imputado y busca encontrar un camino de vuelta para no quemar todos los puentes con su socio de investidura. Así lo aseguran en Madrid voces autorizadas. Porque el empecinamiento por recrearse en la suerte podría resultar contraproducente a ojos de una ciudadanía harta de ver erosionada la “imagen” de la comunidad autónoma.

Fuentes naranjas dan por amortizado a Pedro Antonio Sánchez y dudan de una futura rehabilitación política, toda vez que la acción de la Justicia se encuentra fuera de su control, y sólo contemplan que “de momento” siga como presidente del PP de Murcia y diputado autonómico: “Pedro Antonio Sánchez ha podido pedir a su amigo López Miras que le guarde las llaves del Palacio de San Esteban, pero caerá por sí solo cuando los sobreseimientos no lleguen”, aventuran.

Al margen del curso judicial que sigan los procesos en los que se ve envuelto el expresidente murciano, esas voces son más bien partidarias de aprovechar la ocasión para intentar sacar otros réditos a su colaboración con los populares. Por ejemplo, la supresión de los aforamientos, otro motivo de desencuentro. Rivera necesita “vivir” en la Carrera de San Jerónimo, marcar su territorio para evitar ser devorado, y va a mantener alzada esa bandera. “Es lo que hay”, sostiene alguno de sus próximos, sabedor de que su jefe ha sido presionado de forma directa y clara por sus propias filas para “tocar más bola”.

El hecho de que Mariano Rajoy le haya dejado a Albert Rivera capitalizar los Presupuestos Generales del Estado ha devuelto por ahora las aguas internas a su cauce. Los contactos entre el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, y el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, están siendo prácticamente a diario, como lo son, al mismo tiempo, con su delegado en Murcia, Miguel Sánchez, quien semanalmente ha venido desplazándose al cuartel general naranja situado en la madrileña calle de Alcalá.

Los dados de la suerte le han sido propicios a Rivera en este lío, también porque en el camino interfirió la petición del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco con el caso Púnica y le otorgó mejores bazas. Bien lo sabe precisamente Villegas, que contuvo la respiración hasta que Martínez-Maillo, ya de camino hacia Murcia, le adelantó la caída de Sánchez apenas una hora antes de que éste hiciera pública su larga y solemne despedida.

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