25 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El extraño digital que más rumores desata en Podemos y huele a chamusquina

Dilma Bousselham y Pablo Iglesias

Dilma Bousselham y Pablo Iglesias

El culebrón de Pablo Iglesias con Dina Bousselham ha dado un giro judicial imprevisto que coincide, vaya casualidad, con un periódico dirigido por ella y mimado por Podemos.

 

 

¿Por qué ahora, con la que está cayendo, el partido de Pablo Iglesias se enfanga en un asunto como la promoción de un digital partidista? ¿Cómo es posible que, entre las numerosas preocupaciones del líder morado, se encuentre la de dar aire a un medio que, hasta el momento, no ha traído nada más que quebraderos de cabeza?

Lo de ‘La Última Hora’ podría ser ventilado como un caso más de la errática política de comunicación que mantiene Podemos de la mano de Juanma del Olmo, el alquilador de guillotinas. Pero, ¿hay algo más?

Es lo que se preguntan dentro y fuera de Podemos, y, desde luego, a ello ha contribuido la decisión de Anticorrupción sobre Pablo Iglesias y las llamadas “cloacas”, según la cual la Fiscalía no sólo no ve a Iglesias como una víctima, sino que tiene la sospecha razonable de que el líder morado “pasteleó” con el contenido del móvil de su exasistente, Dina Bousselham. Un contenido que, recordemos, ya le costó el puesto a Alberto Pozas, exdirector de ‘Interviú’ y ‘fontanero’ en la Moncloa sanchista.

 

 

Pinta muy mal el asunto para Iglesias y, sobre todo, para todos esos “cabezas de huevo” de su entorno que pueden pasar de víctimas a imputados. ¿Y si ahora, después de usarlo como eje de campaña, se cayera lo de las “cloacas”?

¿O resultase que Iglesias sólo estaba fabricando las suyas propias? Hay muchas preguntas al respecto y, de rebote, aparece Bousselham con un digital de una calidad discutible, amateur y dirigido por una persona sin la menor experiencia periodística.

Los "fichajes"

Para rizar el rizo, Unidas Podemos, tras el nuevo paseo militar de Vistalegre, se vuelca en echar una mano, pública (apoyos en redes sociales de sus dirigentes) y privadamente (circular, como en los viejos tiempos, requiriendo a los convencidos la suscripción).

Todo eso mientras el periódico balear `Última Hora’ amenaza con acciones legales por la marca y el medio recién nacido se llena de convencidos habituales y mitineros morados como Juan Tortosa o José Manuel Martín Medem, director de ‘Mundo Obrero’ y aspirante a cuota Podemos en La Sexta. Claro que tampoco ‘La última hora’ es algo diferente a un periódico de partido de toda la vida, salvo el soporte, ahora digital.

Dentro de Podemos tampoco entienden, o no quieren hacerlo, a qué responde esta iniciativa, cuando ya se contaba con ‘Público’ como medio oficioso (“a su lado, lo de Dina es una broma, poco menos que un blog”, aseguran algunas voces del entorno morado) y algunos escuderos de la extremísima izquierda, desde ‘El Salto’ (que tan bien sirvió en las guerras internas con el ‘iñigocarmenismo’ madrileño) hasta ‘Kaosenlared’, cuyo inspirador abreva en las asesorías parlamentarias de UP.

Está por ver la utilidad de un producto sólo apto para muy convencidos en 2020, salvo para darle “algo” a Bousselham y una tribuna al amiguete de Iglesias, Nega, sin olvidar la posibilidad de machacar a todos los periodistas y medios que no rindan tributo al amado líder. Otro día, por cierto, hablaremos de eso, que también hay para cortar un buen traje.

Iglesias retuvo hasta 39 meses los datos privados de la misma persona que ahora es premiada con la dirección de un digital

Y es que todo este asunto de ‘La última hora’ huele a chamusquina. Mediática, política y judicial. A ver si al final tiene todo mucho que ver con la decisión de Anticorrupción. Porque ya me contarán cómo se pasa de retener durante meses la tarjeta SIM de una persona, destruyendo su contenido al devolverla, a pasar el cepillo entre la parroquia morada para apoyar su medio de comunicación.

Y todo eso cuando, en sede judicial, esa persona, que dirige dicho medio, ha reconocido haber sacado pantallazos de una conversación que deja muchas dudas sobre la integridad y las convicciones íntimas del que ahora la promociona.

Suena lioso. Pero, a pesar del embrollo, da la sensación de estar bastante claro. En una película, daría la sensación de que se están comprando silencios. ¿O no?

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