El fin de la neutralidad en la red

Se observa una tendencia peligrosa a intentar restringir la libertad de expresión en las redes, actuando sobre las plataformas más que contra los usuarios, para que se autocensuren

La llegada de internet supuso una verdadera revolución. Nuevas posibilidades se abrían para la comunicación instantánea, el acceso a información distante y el mero entretenimiento. El aumento de la velocidad de navegación y de la capacidad y ampliación de los dispositivos para hacerlo, unido a una bajada significativa del precio de ambos, democratizaron su acceso. El futuro parecía brillante y sin límites.

 

Pero surgieron nuevos problemas y preocupaciones cuya solución dista mucho de ser encontrada, si es que hay verdaderamente algo que solucionar. La ciberdelincuencia, cada vez más especializada y creativa, ha encontrado en la red el lugar perfecto para desplumar a los incautos, e incluso a personasa cautas. En Valencia resulta fácil recordar con rubor el escándalo de los descontrolados pagos a China por parte de la EMT; en parte por la pericia de los delincuentes, en parte por el fallo de todos los sistemas de control interno de la entidad.

 

Aparte de los usos puramente criminales, el relativo anonimato de la red ha dado voz y nuevas herramientas a personas cuyo único objetivo parece ser el odio, el acoso o la difusión de informaciones no ya erróneas, sino directamente falsas y perniciosas, sobre todo si tienen que ver con el ámbito de la salud.

 

Es entendible la persecución de actividades criminales, pero el problema se sitúa en todas aquellas zonas grises donde la genuina libertad de expresión, aunque no nos guste el contenido de la opinión proferida por la otra parte, es perseguida. Esto es importante: la tolerancia se predica respecto a los adversarios; restringir aquello que puede expresarse públicamente a lo que es socialmente aceptable (o aceptable para el gobernante), es peligroso.

 

Donald Trump, que siempre se ha mostrado más que crítico -beligerante hasta la médula- con los medios que no le son afines, ha dado un paso al firmar una orden presidencial para estudiar si es posible retirar a las redes sociales algunas de las protecciones legales de las que disfrutan bajo la Ley de Decencia de las Comunicaciones de 1996.

 

¿Por qué? Porque él mismo ha sido objeto de la actual política de lucha contra las informaciones erróneas y Twitter se ha atrevido a enmendarle la plana, enlazando información fiable a uno de sus últimos tuits.

 

Si bien lo más probable es que esto no pase de la pataleta, muestra una tendencia peligrosa a intentar restringir la libertad de expresión en las redes, actuando sobre las plataformas más que contra los usuarios, para que estas se sometan a una autocensura previa.

 

¿Estamos ante el verdadero fin de la neutralidad en la red?

 

 *Abogado y politólogo.

 

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