01 de diciembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Juan Ramón Lucas abochorna a Irene Montero y Pablo Iglesias en cuatro preguntas

Juan Ramón Lucas.

Juan Ramón Lucas.

El periodista y locutor se ha basado en la cruda realidad para poner la cara roja a los hoy flamantes vicepresidentes del Gobierno y ministra de Igualdad. Lo de Pedro Sánchez tampoco ayuda.

Como tantos y tantos periodistas estos días Juan Ramón Lucas anda muy preocupado con ese "ministerio de la verdad" que el Gobierno amenaza con poner en marcha con la excusa de acabar con las fake news. 

En su columna de La Razón hace referencia a los preocupantes virajes de los que ahora defienden tal medida y se lleva las manos a la cabeza.

No se le pasa la declaración que hizo Pablo Iglesias, hoy vicepresidente del Gobierno de España, lamentando la caída del Muro de Berlín porque "quitó el miedo a buena parte de las clases política y económicamente dominantes" y ser pregunta de qué miedo habla: ¿a la revolución comunista? ¿a la dictadura del proletariado?

También recupera una encendida declaración de 2018 de la hoy ministra de Igualdad, Irene Montero, vomitando sobre una iniciativa parlamentaria del Gobierno del PP para controlar las fake news en la red.

Según decía entonces, cuando se opuso a aquella propuesta igual que el PSOE que ahora la propugna, el PP quería coartar la libertad de expresión en las redes. 

Se pregunta Lucas si "todo esto es o no de la incumbencia del Gobierno a la hora de preservar a la incauta ciudadanía de las mentiras o falsedades en la red" pero no halla respuesta.

Aparte de que el Gobierno deje caer que tiene la intención de reorganizar una serie de departamentos para dotarles de capacidad de control y "monitorización" en aras de un bien común universal y bajo el auspicio de la Unión Europea, alerta el periodista de lo "impreciso y necesariamente brumoso de cualquier tipo de control gubernamental sobre los contenidos que se mueven en el amplísimo océano de internet y en las a menudo ponzoñosas aguas de las llamadas redes sociales".

Cuatro preguntas demoledoras

Las preguntas que se hace en voz alta abochornan al Gobierno que tanto criticó esta idea en el pasado: "¿Qué es información y qué mentira? ¿Dónde fijamos fronteras y orígenes de lo que no se pueda o deba saber? Y sobre todo, ¿Quién lo hace? ¿Es China el ejemplo?". 

En conclusión, señala, "el problema de esta o de cualquier iniciativa bélica contra la mentira sea o no institucional, es que esa verdad sin remedio suele ser, en el mejor de los casos, un irreparable daño colateral. En el peor, el objetivo a batir". Y el ejemplo no puede ser más demoledor: "La verdad en forma, por ejemplo, de declaraciones públicas pasadas hoy improcedentes, o de hechos y compromisos no ajustados a un presente distinto". 

Más sospechoso aún es el objetivo real del plan si se tiene en cuenta que su "emisor ha defendido sin rubor una cosa y la contraria en intervalos cortísimos de tiempo, días incluso, como aquello de que no dormiría tranquilo con quien poco después matrimoniaba en gobierno". 

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