08 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Gobierno "Robin Hood" que sangraba a los ricos para repartir ERES

La senadora del PP Cristina Ayala despedaza la sentencia de los ERES y la contextualiza en los usos y costumbres de un PSOE que hace nada apeló a la higiene para derrumbar a Rajoy.

 

 

Más de 700 millones de euros defraudados, más de 300 imputados, más de diez años de malversación continuada, centenares de piezas separadas aun pendientes de instrucción, cuatro gobiernos consecutivos choriceando.

Mordidas, chantajes, cocaína, prostitución, billetes para asar una vaca.

Tres ministros del gobierno de España, dos Presidentes del PSOE nacional, dos Presidentes de Comunidad Autónoma, seis Consejeros, cuatro Viceconsejeros. Todos socialistas, todos condenados.

Las expresiones que usa la sentencia son de lo más ilustrativas: “descontrol absoluto”, “eliminación de todos los mecanismos de control legalmente establecidos”, “actuación al margen del presupuesto”, “palmaria ilegalidad”, ”imposibilitando la fiscalización previa”. Hasta hubo un Consejero que se concedió un ERE a sí mismo. Obraban con el descaro de quién se cree impune. Pero la justicia llegó, tardía, pero implacable.

Lo más sucio y grave de todo este triste asunto de los ERE´s es que este sistema se ideó para fidelizar el voto socialista en Andalucía

Y, sin embargo, ayer nos hemos llevado la sensación de que hay corrupción aceptable y otra que no lo es. Hace un año y medio la izquierda patria abogaba por no consentir el deterioro de nuestra democracia y por la necesidad de recuperar la dignidad democrática derribando un gobierno sin alternativa real (llevamos diecisiete meses comprobándolo).

Ayer Ábalos, con el mismo rostro pétreo con el que dijo que “ahora hay más paro porque hay más confianza en encontrar trabajo”, dijo a los españoles que esto de los ERE´s no tenía nada que ver con el partido socialista. Iglesias, ya no considera necesario echar a patadas al gobierno hoy y cuál comprensiva madre ha puesto sus tiernas expectativas en la confianza de que no volverá a ocurrir.

 

Lo peor del caso de los ERE´s no son los diez años continuados en los que se ha burlado todo control de la administración para favorecer a unos cuántos andaluces con carné del PSOE.

Lo peor tampoco es que los más altos representantes políticos socialistas de la Junta de Andalucía planificaran y pusieran en marcha un plan para amiguetes.

Lo peor ni siquiera es que el dinero detraído viniese de los fondos para atacar la plaga andaluza por excelencia  -el desempleo- y se usase también para acompañar farras con prostitución o drogas.

 

 

Lo peor, lo más patético, lo más sucio y grave de todo este triste asunto de los ERE´s es que este sistema se ideó para fidelizar el voto socialista en Andalucía. Quizá alguien, en su inocencia, se llegó a creer que esta era la historia de ese gobierno Robin Hood que sacaba impuestos a los ricos para después repartirlos a los pobres.

Quien alguna vez pensó así, no debería olvidar que a quién se sangró no fue a los ricos, sino a todos los andaluces. Que los cientos de miles que necesitaban objetivamente ayuda no la consiguieron. No debería olvidar que los que sí consiguieron ayudas lo hicieron por mostrarse afines al PSOE y no fue gratis, sino a cambio de mantenerse en el poder, a cambio de contribuir a tejer esa tela de araña que ha atrapado a los andaluces durante años con los peores datos en desempleo, en educación, en sanidad o en dependencia. A cambio de matarles incluso la ambición por mejorar, a cambio de convencerles para conformarse con el mal menor.

Iglesias, ya no considera necesario echar a patadas al gobierno hoy y cuál  madre ha puesto sus tiernas expectativas en la confianza de que no volverá a ocurrir

La corrupción es una lacra que hay que tratar de prevenir con leyes adecuadas, y una vez descubierta debe ser denunciada y perseguida con los medios necesarios, incluso (sobre todo) desde los propios partidos políticos.

No hay corrupción buena y corrupción mala, como ayer han tratado de hacernos ver opinadores con poca vergüenza y mucha tendencia. La bondad o la maldad de la corrupción no depende de quién la practique, siempre merece el mismo reproche y, sin embargo unas hacen caer gobiernos y otras no. ¿Se ha preguntado usted por qué?

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