25 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez se hace cómplice de Iglesias

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Ambos dirigentes asaltaron el poder y cercan incluso a la Corona por meras sospechas mientras se tapan y esconden sus problemas y escándalos, ya en el juzgado.

 

 

Apenas unos días después de provocar la expulsión del Rey Juan Carlos de España tras calificar de "perturbadoras e inquietantes" las sospechas sobre su comportamiento; Pedro Sánchez se ha negado a enjuiciar las imputaciones que, por graves delitos de corrupción, cercan en los juzgados a Podemos y a Pablo Iglesias.

La dureza hacia el antiguo Jefe de Estado, que no está acusado ni juzgado por nada; contrastan con la tibieza y complicidad hacia su socio, que sí acumula causas en los juzgados por causas tan delicadas como financiación ilegal o malversación, entre otras.

El doble rasero califica a ambos dirigentes, para quienes las reglas de juego son unas u otras en función de sus estrictos intereses, como si hubiera una corrupción buena y otra mala según quién la protagonice.

A ambos les sirvió la participación de Rajoy en un juicio como simple testigo para lanzar una moción de censura que desalojó al PP de La Moncloa y aupó allí a Sánchez gracias también al separatismo, estableciendo un listón de exigencia ética que no tenía en cuenta los tiempos ni las conclusiones judiciales y emitía sentencias políticas en beneficio propio.

 

 

Ocurrió con Rajoy y acaba de ocurrir con don Juan Carlos, extendiendo además ambas "condenas" al conjunto de un partido o de una institución como la Corona. Una actitud injustificable siempre que podría, no obstante, tener un mínimo sentido si siempre fuera ése el listón que se aplicaran a sí mismos.

Pero no es así, ni para Sánchez ni para Iglesias. El primero ha dado sobradas muestras de su hipocresía con temas tan diversos como su tesis doctoral plagiada, la sentencia de los ERES o la mismísima pandemia, gestionada con opacidad, negligencia y falsedades. Y el segundo, que lanzaba fatwas más que discursos políticos; al esconderse ante los episodios de corrupción que le rodean.

La conclusión no puede ser más inquietante y a la vez definitoria del Gobierno: carecen por completo de principios y manipulan la realidad para adaptarla a sus necesidades. Que lo hagan con tanta constancia y descaro y no ocurre nada solo es posible, por cierto, gracias a un respaldo mediático que inflama unos casos y sepulta otros con idéntico cinismo al de ambos dirigentes. 

 

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