La ciudad no es para mí. Muy atentos

Pablo Iglesias y Alberto Garzón.

Pablo Iglesias y Alberto Garzón.

Los personajes secundarios, a la manera de las hienas del Rey León, allanan el camino del sobrevenido mandatario. Torra, con su chulería macarra; Colau, adalid del diálogo tramposo, Mulet...

Creo recordar haber escuchado hace unos diez años, por primera vez y en la radio, a un joven economista diputado por Málaga, tan listo como ambicioso por sus propias palabras. Paciente y perseverante, y zancudo, el señor Garzón se sentará el viernes próximo en el Consejo de Ministros, arropado por “la filosofía de la unidad popular” (sic), curioso eufemismo, que el mismo sitúa en un contexto perverso, cínico y eficiente, de justificación de los medios por el fin. Prueba conseguida.

Traigo a colación el sucedido -anécdota no es precisamente- a propósito de ese caudal de hemeroteca que recorre alegremente, salpicado con los correspondientes fake, las redes sociales. Como una suerte de masoquismo ideológico, aquellos que hace seis meses escasos no hubieran (o hubiéramos) dado crédito alguno a lo que hoy es realidad fehaciente, parecen (o pareciéramos)
recrearse en una búsqueda sistemática y ordenada de tantos indicios de lo avecinado. En una casi naif demostración a posteriori de la gravedad que este gobierno representa para España.

No importan, los dimes y diretes, las contradicciones permanentes, la mentira como argumentario, la mandíbula comprimida, la mirada de odio y desprecio hacia el adversario

No importan ahora cuantas fotos de Iglesias puño en alto con Chaves, Maduro y Morales pueblen fototecas virtuales y semovientes; cuántos vídeos prueben su premeditada traición a España, su fingido patriotismo, su despotismo partidista, su desprecio real a la mujer. Pregúntenle a Rosa Díez (y vean el edificante piropo que la Lastra le dedica). No importan, de verdad no importan, los
dimes y diretes, las contradicciones permanentes, la mentira como argumentario, la mandíbula comprimida, la mirada de odio y desprecio hacia el adversario (¿lo es también el Rey?) del ya Presidente sin adjetivos temporales (que no sin los epítetos propios de “su persona”).

Toca serenarse, calmarse, y prepararse. Mantenerse atento a lo que en un goteo permanente puede ir produciéndose o ha empezado ya, incluso antes del alumbramiento del gobierno “progreísta” (acertado neologismo que tomo en préstamo).

Manuel Castells, híbrido de hiena y león del cuento, defendía contundente hace tres años “ … lo más importante de EEUU es que no hay Ministerio de Universidades. Solo desde la libertad se puede innovar”.

Me interesan mucho los personajes secundarios, que a la manera de las hienas del Rey León, corifean y allanan el camino del sobrevenido mandatario. La chulería macarra y facciosa de Torra. Como la alcaldesa Colau, adalid del diálogo tramposo, que para demostrarlo quiere cerrar el puente aéreo con Madrid, excusándose en Greta Thumberg. Como la presidenta del Consell Balear, Cati Cladera, cambiando “democráticamente” las reglas para impedir a la oposición acceso a documentos contables y facturas. Como el senador Mulet de Compromís, raudo en solicitar que se eche a los curas de los
hospitales, diga lo que diga el Concordato. Como Ribó y Gómez rescatando a Peris (Podemos) para el consistorio que dejó, y pelillos a la mar con los cuatro milloncejos furtats en la EMT.

El paradigma es Manuel Castells, híbrido de hiena y león del cuento, quien defendía contundente en su Observatorio Global del diario ABC apenas hace tres años con el título “Indispensable Universidad” y a modo de conclusión “ … lo más importante de EEUU es que no hay Ministerio de Universidades. Solo desde la libertad se puede innovar”. Pero perdónenme, que he caído en lo que critico …
No hay lugar para la nostalgia, lo que toca es estar muy atentos.

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