20 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Gistau hunde a Sánchez recordándole lo que no quiere oír de Arrimadas y de Vox

Mucho se está hablando de las razones que han provocado el auge del partido de Santiago Abascal pero hay una que el presidente del Gobierno no quiere ni escuchar porque es la que más duele.

Dos días después, y lo que te rondaré morena, Vox sigue canalizando toda la resaca de las elecciones andaluzas y este martes David Gistau hace un análisis en El Mundo que no va a gustar ni un pelo a Pedro Sánchez.

Y es que muchos "culpan" al procés y a Cataluña del auge del partido de Santiago Abascal, pero Gistau tumba esta teoría: "Más allá de lo que estuviera sucediendo fuera de los radares mediáticos, existe un hecho significativo. El auge de Vox no coincidió con el golpe independentista, sino con la moción de censura. Es decir, que no se nutrió de la sociedad civil que salió a manifestarse en Barcelona después de décadas de resignación y colocó banderas en los balcones -eso se lo llevó Arrimadas-, sino de la reacción al laboratorio de profesor chiflado donde Sánchez se puso a experimentar, en complicidad con todos los extremismos existentes a su izquierda, con una Transición nueva y fetén que ya había empezado a agredir incluso a la monarquía para completar la fundación de la república popular pendiente desde el frente del Ebro".

Vamos, que la culpa es más de Sánchez que de Cataluña: "Lo cual casi constituye una venganza de Franco desde ultratumba. La obsesión de poder y Falcon de Sánchez, su disposición a rendir cualquier principio ante cualquier horda de extramuros con tal de preservar sin pasar por las urnas su fantasía presidencial, no sólo ha arrasado a la socialdemocracia como garante de estabilidad".

No le valen tampoco "las agónicas llamadas de Susana Díaz a los constitucionalistas para parar a la "extrema derecha": eso no puede decirlo quien pertenece a un partido que ha llegado a acuerdos con enemigos de la Constitución, del 78 y de la ley para apañar un asalto de Moncloa que pasa, si no por romper las urnas, sí por eludirlas". 

Eso por no hablar "del narcisismo de las élites de progreso, entre las cuales hay que añadir al Podemos pequeño-burgués del chalet, y el despotismo evangelizador con el que asfixiaron a media sociedad que sentía necesidad de pasarse al maquis".

De hecho, recuerda Gistau, "uno de los argumentos recurrentes de la izquierda durante la campaña andaluza fue el desprecio a los votantes potenciales de Vox" y aquí evoca al "deplorables" con el que Hillary Clinton atacó a los posibles votantes de Trump, logrando tan sólo que éstos asumieran orgullosos el adjetivo como identificación de unos conjurados contra la casta liberal y los lobbies washingtonianos. 

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