11 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La traición a Puigdemont de quien menos podía sospecharlo enfurece al PDeCAT

Puigdemont y Urkullu, en una de sus reuniones oficiales.

Puigdemont y Urkullu, en una de sus reuniones oficiales.

La "hermandad" entre el Palau de la Generalitat y Ajuria Enea es la última víctima del desvarío del "procés". Los secesionistas se han llevado su gran decepción donde menos lo esperaban.

En la noche de este jueves, entre un selecto grupo de dirigentes de la antigua Convergencia -todos ellos en un segundo plano y ausentes de la mascarada del inicio de la campaña del 1-O en Tarragona-, los teléfonos móviles echaban humo.

Aunque se lo esperaban por sus privilegiadas relaciones con el Euskadi Buru Batzar, la dirección del PNV, el jarro de agua fría que el lendakari, Iñigo Urkullu, lanzó sobre la cabeza de Carles Puigdemont no dejó de provocar a estos dirigentes catalanes un nuevo regusto amargo. "Otro puente histórico que salta por los aires víctima del procés", se venían a lamentar en esas conversaciones.

Según ha sabido Esdiario, el desmarque tan expreso y contundente de Urkullu respecto a la deriva del desafío catalán ni fue casual, ni víctima de un calentón, ni fruto de la habilidad del periodista que le entrevistaba. "Debemos ser honestos, saber que el 1 de octubre, tenga lugar lo que tenga lugar, no tiene las garantías debidas de lo que, en principio, sería una aspiración a celebrar como referéndum", se descolgó el lendakari en Onda Vasca, una emisora nada sospechosa de disentir del nacionalismo.

Y aún fue un poco más allá Urkullu. "Me preocupa -argumentó-, que las decisiones adoptadas en el Parlament hayan sido según los procedimientos que se han seguido y que dejan sin efecto el Estatut, sin valor el ámbito político, jurídico, institucional que hasta ahora se ha venido construyendo".

El trato dado por la Generalitat y Junts pel Sí a Otegi ha despertado todos los recelos en la sede del PNV y en el Gobierno Vasco

Según ha sabido este diario de fuentes del PNV, en su sede central de Sabin Etxea, reinaba desde hace semanas una creciente preocupación por las consecuencias que para los nacionalistas vascos pudiera tener lo que algunos llaman el "desvarío". Primero, en clave electoral -las municipales de 2019- por el aprovechamiento que Bildu, Sortu y Otegi están haciendo de la campaña del 1-O.

Arnaldo Otegi, el "invitado estrella" de la Diada, saluda a la presidenta del Parlament, Carmen Forcadell, y al diputado del PDeCAT, Lluis Corominas.

 

Y, después, por las presiones que el Gobierno Vasco y los cinco diputados peneuvistas están recibiendo -sibilinas, pero presiones al fin y al cabo- para que pongan en cuarentena sus acuerdos con Mariano Rajoy, si el Gobierno no rebaja su respuesta legal y política a Puigdemont y Junqueras. "Nosotros no estamos en ese juego, la renovación del Concierto y la Alta Velocidad son un éxito incuestionable para el País Vasco", reconocen esas mismas fuentes.

Fuentes que también revelan que "por los conductos habituales", el PDeCAT ha trasladado al presidente del PNV, Andoni Ortuzar, su  "decepción" y su "malestar" con las palabras de Urkullu. Aunque no tanto, claro, como el del diputado de ERC, Gabriel Rufián. "Me ha convencido, tiene razón, lo dice Urkullu, que forma parte del régimen del 1978 y que apoya al PP", ha dejado dicho en declaraciones a La Sexta.

Después de la experiencia con el Plan Ibarretxe, que a la postre permitió a Patxi López presidir el primer Gobierno Vasco no nacionalista desde la Transición, en la dirección del PNV -fundamentalmente desde el todopoderoso partido en Vizcaya- Urkullu y los suyos decidieron hace ya tiempo desmarcarse de la alocada hoja de ruta de Puigdemont y Junqueras.

Y es que ambos han dinamitado el tradicional seny catalán del que, paradójicamente, ahora se presume tanto desde Bilbao.

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