19 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Iglesias entierra su sucesión y ahora intenta acabar con la "Operación Errejón"

Ni Irene Montero en su lugar ni Podemos asaltado por el nuevo partido de Errejón y Carmena: Iglesias se siente fuerte y no se moverá. Ahora, quiere estar en el Gobierno.

Ni dimisión pactada ni invasión de Podemos desde fuera. Pablo Iglesias se siente fuerte, al menos en comparación con lo que tal vez el mismo esperaba antes del 28A, cuando todos los pronósticos indicaban un  hundimiento que, finalmente, no ha sido tanto.

La propia Irene Montero reconocía, un mes antes de pasar por las urnas, que la sucesión de Iglesias parecía inminente, y que el heredero sería una mujer: no se citó, pero se refería a ella misma. Todo el mundo lo daba por descontado. Y algo más: la "Operación Errejón", con Manuela Carmena de plataforma, también era una amenaza, bien para acabar con Podemos o bien para ocuparlo a la larga.

Otro fantasma que parece espantado. "Pablo se ha reforzado y las encuestas no indican que Más Madrid pueda superar a Podemos", explican fuentes del entorno de Iglesias, que tiene otro punto a su favor para consolidarse: si entra en el Gobierno, como insiste a pesar de la aparente resistencia del PSOE, su posición de fuerza volverá a ser indiscutible e indiscutida.

 

Ya no hay disidencia en Podemos, nadie se atreve a dudar del liderazgo de Iglesias que, pese al sufrimiento, ha logrado acabar con la disidencia interna, apoyado en los incondicionales y con una gran campaña electoral coronada con dos muy buenos debates en televisión que le auparon de nuevo.

Lo cierto es que ha resistido las puñaladas de Errejón, la polémica de su chalet, la desaparición durante meses por su "baja paternal", el auge aparente del PSOE y el plantón de las mareas y otros socios, con un balance final esperanzador para él.

Errejón "cae"

Mientras, Errejón se lo juega todo a una carta el 26A: si no gobierna con el socialista Gabilondo y Carmena no retiene la alcaldía, su irrupción como versión 3.0 de Podemos, primero autonómica y luego nacional aunque oficialmente lo niegue, habrá embarrancado. Y de cuán difícil lo tiene da cuenta un dato: el centroderecha sumó en Madrid el 54% de los votos el pasado domingo, apenas un punto menos que cuando arrasó en 2016.

La única gran incógnita de Iglesias es su participación en el Gobierno. Oficialmente nadie confirma que él querría una vicepresidencia. Tampoco el veto de Sánchez a esa posibilidad y a la incorporación de cualquier miembro de Podemos al Gabinete.

Todo se pone en cuarentena, por convicción o estrategia, hasta pasadas las Europeas, cuando todos tengan que mostrar sus cartas definitivamente. Pero Iglesias, en todo caso, mejorará: desde dentro o al lado, el PSOE le deberá mucho. El Consejo Ciudadano de este lunes, una tormenta en sus últimas convocatorias, será una plácida reunión con un objetivo que consideran al alcance: mandar como nunca.

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