22 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las cuatro preguntas que Iglesias tiene pánico a responder sobre Dina Bousselham

Pablo Iglesias, aplaudiendo al vacío

Pablo Iglesias, aplaudiendo al vacío

El vicepresidente y líder de Podemos tiene mucho que callar, y eso no lo tapan ni sus gritos contra prensa y jueces: aquí se apuntan algunas cuestiones delicadas que deberá afrontar.

 

 

Pablo Iglesias ha tardado una eternidad en decir algo sobre sus graves problemas con la Justicia. No era fácil encontrar una explicación al bochornoso episodio de la tarjeta móvil de Dina Bousselham. Ésa cuyo robo ambos denunciaron en el juzgado. Ésa que, mientras montaba el numerito, Iglesias retuvo durante un año. Ésa que devolvió a su colaboradora dañada para que no pudiera acceder al contenido.

Vamos, que fue una denuncia falsa. Y le ha pillado el juez García-Castellón, que no se deja seducir ni enredar fácilmente. Y ha tardado tanto tiempo porque no tenía nada decente que decir en un chusco episodio que mezcla a Pimpinela con Torrente, pasando por Teruel. Ojo a la excusa: que se quedó con la tarjeta para no cargar de presión a la pobre Dina.

El “macho alfa” decidiendo por una mujer de 30 años lo que era mejor para ella. Espiando en su móvil. Decidiendo lo que era bueno, malo o regular para una mujer emancipada, mayor de edad y con las entendederas, que se sepa, en perfecto estado de salud.

Eso ha hecho Iglesias, el jefe y pareja de la ministra de Igualdad que, entre sus campañas de concienciación, tuvo una que decía esto:  "Si tu chico te controla el móvil, cuéntalo. Hay salida a la violencia de género”. 

 

Dina, en fin, puede llegar todo lo sola y todo lo borracha a casa que le deje Montero, autora "intelectual" de aquel deplorable lema del último 8M, ése que quiso celebrar a toda costa, con el consabido precio en contagios que desde marzo padecemos.

Pero sin el móvil, no sea que el jeque de Podemos se enfade con el harén. Ya sabemos, en fin, cómo trata Iglesias a las mujeres: o las azotaría hasta sangrar o las interviene el móvil. ¿Se puede ser más machista?

La otra cosa que ha hecho todo un vicepresidente es movilizar a sus Echeniques para montarle una campaña a Vallés por hacerle una crítica. El portavoz de Podemos en el Congreso, ha dicho esto de un periodista sensato y preciso: “Lo que le pasa a Vicente Vallés es simple y es lo mismo que le ocurre a toda la derecha y la ultraderecha: Le produce sarpullido que las cloacas no consiguieran su objetivo”.

 

 

Más preguntas para Pablo

Vamos a ver, Echenique. Vamos a ver, Iglesias. ¿Os molesta que Vallés se pregunte cómo es posible que un “feminista” trate así a una mujer? Pues venga, vamos a haceros más preguntas entonces, que es lo que hacen los periodistas y lo que responden los cargos públicos, bien en un plató, bien en un juzgado.

¿Qué tenía esa tarjeta que tanto necesitabas hacer desaparecer, Pablo? ¿Qué sabe Dina de ti y de Podemos, Pablo, que tanto has hecho por disimular que tú tenías su móvil? ¿Qué información delicada se guardaba tu asesora como para que hagas todo eso, Pablo, y la intentes compensar buscándole trabajo tras trabajo? ¿A qué tenéis tanto miedo Pablo, para perder los nervios y hacer el ridículo como lo estáis haciendo?

La verdad, al final, siempre se acaba sabiendo. Mientras, por Vallés y por todos los periodistas que hacemos nuestro trabajo mientras otros blanquean a Sánchez y a Fernando Simón haciendo posados en motito, déjame que te regale un poema de Bécquer, Pablo:

 

¿Qué es la cloaca?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es la cloaca? ¿Y tú me lo preguntas, Pablo?
La cloaca... eres tú.

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