14 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El ejemplo de saber estar del Rey Felipe VI y de la Princesa Leonor

El contraste entre el Rey y su hija hablando en catalán y los energúmenos jaleados por la Generalitat quemando sus fotos y talando árboles resume el burdo conflicto en Cataluña.

 

 

Pocas veces una simple imagen, sin necesidad de palabras sobre los hechos, han ayudado tanto a poner a todo el mundo en el lugar que le corresponde. De un lado, el Rey Felipe y su hija y heredera, la Princesa Leonor, hablando en catalán y destacando las grandezas de Cataluña mientras entregaban unos galardones para distinguir el talento.

De un notable grupo de energúmenos, jaleados por la Generalitat, intentando boicotear el acto, escupiendo e insultando a los invitados, quemando fotos del Monarca y talando árboles, en la Diagonal de Barcelona, para prender su enésima hoguera.

La comparación entre la dignidad cívica del Jefe del Estado y la violencia desatada de la parte más salvaje del independentismo, que podría considerarse minoritaria de no tener el impulso directo del Govern de Quim Torra; resume la naturaleza del conflicto y el papel que cada uno representa.

El contraste entre el Rey y la Princesa hablando en catalán y el separatismo quemando sus fotos resume el conflicto

Ver a una niña, por muy sucesora que sea, haciendo un esfuerzo por hablar en la lengua oficial de Cataluña -junto al español- y por mostrar su afecto y reconocimiento a las singularidades de esa tierra -tan notables como inherentes a una Nación tan antigua como España-; resulta tan conmovedor como definitorio del esfuerzo que se ha hecho desde 1978 por integrar generosamente todas las maneras de ser español en un proyecto unido sustentado en la historia, los valores democráticos y la cohesión social.

Y comprobar cómo ante ese despliegue de humanidad se contrapone otro de fuerza bruta y vandalismo; define también la respuesta habitual que ha tenido ese ímpetu integrador que siempre ha sido la España constitucional nacida en 1978.

Viva España

Ni los más fanáticos del soberanismo pueden negar ese contraste, tan terrible para sus intereses y funesto para su propaganda como evidente para la opinión pública. Es pues un gran servicio del Rey, que se consolida como referencia de una España sensata puesta en riesgo por el nacionalismo excluyente, el populismo y la crisis.

Entre la imagen internacional que proyectan los altercados de Barcelona y el separatismo en su conjunto y la que encarna la Casa Real, es evidente que para España la segunda es crucial. Tanto como para que, monárquicos o republicanos, entiendan, acepten y respalden esa función, no tanto como emblema de un sistema de sangre azul cuanto por resumen de un país unido, abierto, integrador y cosmopolita. Decir hoy en día "Viva el Rey" es, más que nunca, decir "Viva España".

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