La ciudad no es para mi. La Camorra

Martínez-Almeida

Martínez-Almeida

La mascarada de camorristas a la que estamos asistiendo, apunta a resultar cada día más canalla. Y este cum laude sí lo tiene acreditado el académicamente cuestionado doctor Sánchez.

Han pasado el carnaval y la cuaresma, la semana santa ha pasado, y en los inicios del estío la mascarada se acrecienta en las cimas del poder, o en las ansias por detentarlo.

Ni el veneciano ponte di Rialto ni la sofisticada fachada que Adolf Loos diseñó para la casa de la memorable Josephine Baker -la Venus de bronce-, pudieron contener tantas y tan diversas lecturas.

Los seguidores de Wikipedia comprobarán que por mascarada se viene entendiendo desde hace quinientos años “un entretenimiento cortesano” de recurrente afición entre los poderosos que, en ocasiones y en modo cabalgata, se extendía al pueblo llano. Ni Shakespeare se resistió a ensayarla como género literario.

Poco ha cambiado la cosa. Nuestros políticos, entretenidos en su corte virtual y trasnochada, eligen y exhiben máscaras a conveniencia del baile o la fiesta en la que se encuentren. Los más lábiles simultanean distintas en el mismo evento.

La camorra es otra cosa. El término fue de aquí para Nápoles -lo sé de buena tinta- para quedarse con las connotaciones gruesas que ahora tiene. El mix resulta letal.

La mascarada de camorristas a la que estamos asistiendo, apunta a resultar cada día más canalla. Y este cum laude sí lo tiene acreditado el académicamente cuestionado doctor Sánchez. El determinado, viajero, dialogante, inflexible, colaborativo, enérgico … según las circunstancias, doctor Sánchez.

Y qué bien lo explica, con ese aire de maestra de párvulos -antigua maestra de párvulos, las actuales son de otra pasta- la ministra portavoz. A ver niños … hay que distinguir entre votar y participar … y de pactar con Bildu ná de ná, si nos apoyan que nos apoyen, ellos sabrán porqué. Alto y claro.

Tampoco se priva Teodoro García Egea, con máscara de boomerang y la ocurrencia de la “ultraderechita cobarde” . Una genialidad del marketing político de instantánea. Por mucho que cueste entender la estrategia de Vox, si es que la tiene. O los de Ciudadanos, versionando a Julio Iglesias “cuando la tarde languidece” … y ya no recuerdan si tomaban o no tomaban café.

Se presagia tormenta jurídico medioambiental a propósito de Madrid Central y a Martínez-Almeida ya le ha caído el primer rayo. Ignoro la potencia protectora del pararrayos de Isabel Díaz Ayuso si se desata la de Murcia.

He leído a un prestigioso articulista conservador que acabaremos dando la razón a Tezanos y -esto lo digo yo- hasta a Rosa María Mateo, aunque tenga el share por los suelos y a Otegui por los cielos. La opinión en este país no se pregunta, se crea. Es la forma más perversa de participación ciudadana, la ilusión de participar mientras se acata. La fe del carbonero laico, la adhesión inquebrantable al líder.

Camorra aparte, como en Italia, pese a todo la vida sigue y baja la prima de riesgo. Los que andamos sin máscara le vamos cogiendo la vuelta a estos entretenimientos cortesanos.

Leopoldo López, desde territorio español en Caracas, sigue llamando a la derogación de la dictadura. Esperamos celebrarlo.

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