05 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez arranca su campaña desde el atril de La Moncloa sin calibrar los riesgos

El socialista se encomienda a una mayoría más amplia que le permita gobernar en solitario, pero no todos en su partido son tan optimistas como sus gurús electorales. Y hay otros factores.

Pedro Sánchez ya tiene lo que quería. Nuevas elecciones. Ésa es la conclusión que este martes sacaron el resto de partidos después de otra jornada en la que la política real superó a la política ficción. Al menos ha tenido la virtud el socialista de poner a los demás de acuerdo en algo.

Pasadas las ocho de la tarde, la Casa Real emitió el comunicado que suponía el epitafio de una negociación que nunca fue; el fracaso de un candidato con 123 escaños que en casi cinco meses no ha sido capaz de pactar con Unidas Podemos, ni de ofrecer nada al Partido Popular. Y tampoco de aceptar la mano tendida de  Albert Rivera en el tiempo de descuento. 

Sánchez compareció ante los españoles una hora después para tratar de recomponer su relato, culpando a diestra y siniestra, lamentándose de que Unidas Podemos, el PP y Cs no hayan sido capaces de asumir el papel que dieron a cada uno las urnas: "Lo he intentado por todos los medios, pero nos lo han hecho imposible. He procurado conformar un gobierno para España, no cualquier Gobierno", se quejó con voz grave. 

Lo más significativo fue que en esa misma comparecencia desde La Moncloa aprovechó para dar un mitin (no era el primero desde allí) y lanzar el que será el leitmotiv de su campaña. Sin disimulos. Y lo repitió hasta en tres ocasiones para que no hubiera dudas: "Les pediremos a los españoles el próximo 10 de noviembre que lo digan aún más claro para ser escuchados y que no haya más bloqueos". Más votos socialistas.

Tampoco disimuló TVE cuando, puenteando al jefe del Estado, contactó con los partidos antes de que terminara la ronda de contactos para que fueran poniendo fecha al debate. Ni el PSOE cuando cerró y anunció las primeras entrevistas de Carmen Calvo y Rafael Simancas para este mismo martes por la noche sin esperar al comunicado de Zarzuela. Ni las formas se guardaron.

Sánchez se encomienda a una mayoría más amplia que le permita gobernar en solitario, pero no todos en su partido son tan optimistas como sus gurús electorales. Una sensación de vértigo recorrió este martes todos los cuadros del PSOE al constatar que ahora sí el 10 de noviembre va en serio. A media tarde un ministro socialista reflexionaba en el pasillo del Congreso sobre lo que puede suponer la abstención, porque nunca es "neutra", dijo. Y la izquierda está enfadada con los suyos.

El presidente en funciones cree tener bajo control a Unidas Podemos, pero no puede controlar los movimientos que ya han empezado a producirse en el centro derecha entre el PP y Ciudadanos.

Durante la reunión de dos horas que el lunes mantuvieron Pablo Casado y Albert Rivera en el Congreso, el presidente del PP sacó a su homólogo del Cs el tema de España Suma. Es más. Le enseñó gráficas y datos sobre transferencia y fidelidad de voto extraídos de las tripas del CIS que demuestran, según sus propias palabras, que "la unión sí suma".  

Empezaron así a explorar en serio un camino que hasta ahora únicamente había sido alimento para titulares, pero sin debate interno. Aunque es pronto para saber adónde conducirá, por ahora Casado es mucho más entusiasta al respecto que Rivera. Un dirigente de la cúpula de Cs lo resumía este martes así durante una conversación informal con varios periodistas: "Que corra el aire". 

Rivera afirmó después de entrevistarse con el Rey que su oferta a Sánchez era "para un momento extraordinario", y que por tanto decae con las elecciones. Pero Iglesias y los suyos desconfían y temen que éste haya sido el prólogo de un acuerdo entre el PSOE y Cs tras el 10 de noviembre.   

A la posible desmovilización de la izquierda y los movimientos por venir en el centro derecha de cara al 10-N se suma el factor externo con mayúsculas: la sentencia del procés, que si se cumplen los plazos previstos hará explosión a mediados de octubre en Cataluña, provocando una onda expansiva de incalculables consecuencias hoy en día. 

Con este panorama solo hay dos buenas noticias, si pueden llamarse así. La primera, que esta vez la campaña durará una semana en lugar de dos y los partidos contarán con la mitad de presupuesto para gastos electorales. La segunda la deslizó Iglesias desde la sala de prensa del Congreso: a partir del 11 de noviembre los tiempos de negociación no pueden ser tan largos como esta vez. 

El jurado popular lo componen más de 36,8 millones de españoles. Ellos serán los que dictarán sentencia en menos de dos meses. 

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